Gilda, no me arrepiento de este amor (2016)

by - jueves, diciembre 09, 2021

 


Durante una escena de “Gilda: No Me Arrepiento de Este Amor”, dirigida por Lorena Muñoz y protagonizada por Natalia Oreiro, unos personajes se acercan a la cantante para pedirle una especie de bendición y también para contarle que una cercana se recuperó de una enfermedad tras escuchar nada más que las canciones que convirtieron a Gilda en una leyenda de la música bailable. Aquella fama sigue a la imagen de Gilda hasta el día de hoy e, incluso, su trágica muerte en una autopista argentina ayudó a que el mito sobre su santidad creciera y creciera.

La imagen de Gilda, la cantante y la mujer, nunca había sido explorada antes, por lo que Lorena Muñoz decidió realizar un retrato honesto y respetuoso de la intérprete; “Gilda: No Me Arrepiento de Este Amor” nos muestra la vida de la cantante, desde sus acercamientos a la música durante su adolescencia hasta que fue alcanzado la fama en los rincones más lejanos de Suramérica. Nacida bajo el nombre de Miriam Bianchi, Gilda ya estaba casada, tenía dos hijos y trabajaba como profesora parvularia cuando decidió que, finalmente, seguiría su pasión y se dedicaría a la música.

Tras asistir a un casting que leyó en un periódico, Miriam conoce a Juan Carlos Giménez (Javier Drolas), mejor conocido como “Toti”, con quien establece una relación compositor-cantante que dura hasta la repentina muerte de la joven. Poco a poco, Miriam comienza a abrirse paso en el machista y sentencioso negocio de la música; consigue un mánager, José Olaya (Roly Serrano), quien le da el nombre artístico de “Gilda”, y comienza a salir de gira con su flamante nueva banda. Al mismo tiempo, Gilda debe enfrentar los problemas que su carrera musical causa en su matrimonio, ya que su marido, Raúl Cagnin (Lautaro Delgado), es bastante crítico de la profesión de su esposa; mientras esta parte de su vida continuaba en ascenso, la vida familiar de Gilda estaba a punto de quebrarse para siempre.

“Gilda: No Me Arrepiento de Este Amor” nos muestra a una Gilda sensible, esforzada y adorable, una mujer capaz de conquistar a cualquiera con tan sólo una sonrisa y una canción, pero también aprendemos acerca de la Gilda que escribía con el corazón roto tras la separación con su marido, de la madre afligida que dejaba a sus hijos en casa mientras viajaba con su banda a otros lugares y de la niña que nunca pudo superar la temprana muerte de su padre. Ni Lorena Muñoz ni Natalia Oreiro caen en la sobre dramatización ni en los clichés; la directora entrega un relato sincero y la actriz no recurre a una simple imitación, sino que a su propia creación de una cantante que también admiraba.

La trágica muerte de Gilda, en septiembre de 1996, ocurrió durante su apogeo artístico, hecho que sólo elevó su estatus de ícono y ayudó a consolidar su figura de santa entre sus más fervientes fanáticos. El accidente automovilístico también se llevó a algunos de sus músicos, a su madre y a su hija mayor y el lugar del choque se ha convertido en una especie de santuario, así como también su tumba en el Cementerio de la Chacarita, lugar hasta donde los creyentes más acérrimos llegan a pedirle favores y milagros.

Para ellos, Gilda murió para hacer milagros. Gilda murió para convertirse en santa y cumplir deseos como un ángel de los pobres. Gilda sigue viva en algún rincón del infinito, envuelta en su vestido azul y bajo un aura de flores.

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