Desde que Pillion se estrenó en el pasado festival de Cannes, estaba muy entusiasmada por verla, ya que Alexander Skarsgård no le teme a nada y siempre está corriendo riesgos; a estas alturas, la trama de la película no debería ser consideraba controversial, pero los temas que Pillion trata pueden ser todavía tabúes para la sociedad más conservadora.
La película está basada en el libro Box Hill, escrito por Adam Mars-Jones, y fue dirigida por Harry Lighton, lo que marca también su debut como director; ambas obras se centran en la relación BDSM entre un inexperto joven y un intenso motoquero. Colin (Harry Melling) es tímido, ingenuo y sensible; vive con sus padres, forma parte de un grupo de canto y su sexualidad no es un secreto para nadie, por lo que la historia no se convierte en una de autoaceptación o de discriminación, y tampoco se transforma en una historia de amor imposible y, por suerte, tampoco recae en la tropa de bury your gays.
Cierta noche, Colin conoce a Ray (Alexander Skarsgård), quien es todo lo contrario a él: alto, seguro, intimidante y convencionalmente hermoso; algo en Colin llama la atención de Ray y, aunque Colin quiera describirla como una especie de pololeo, ambos comienzan una relación de dom y sub. Paralelamente a sus intentos de ganar el corazón de Ray, Colin también comienza meterse cada vez más en aquel mundo de las motocicletas, el cuero y las relaciones BDSM: Ray lo incluye en su grupo, le ordena cómo vestirse y cómo peinarse, le impide dormir en la misma cama con él y niega cualquier acercamiento amoroso, detalles que Colin obedece de inmediato y así se va dando cuenta de que tiene una aptitud para la devoción. El conflicto se da cuando Colin quiere más de aquella relación, pero no toma en cuenta que, si el dom debe respetar al sub, el sub debe hacer lo mismo por su parte.
La palabra pillion se refiere, básicamente, al asiento trasero de una motocicleta, lugar en donde Colin se aferra a Ray, en donde es feliz de estar y en donde, precisamente, Ray lo quiere; es hasta triste, y a veces gracioso, ver los intentos que Colin hace por cambiar la dinámica, pero Ray no cede. La película gira alrededor de aquella problemática y del autodescubrimiento de Colin, por lo que perfectamente puede ser considerada dentro del género del coming of age y concuerdo con que corresponde mucho más a ese género que a un drama o a una comedia romántica. Con lo que no estoy de acuerdo es con que algunos comentarios giren solamente alrededor de la apariencia física de Colin (o de su actor); la película no se trata de si Colin es lo suficientemente atractivo o no como para estar con alguien como Ray, se trata de si el personaje tiene o no la suficiente capacidad como para entregarse al tipo de relación que Ray busca. Prefiero quedarme con esa segunda parte.
En cuanto a las escenas que provocaron la atención alrededor de “Pillion”, me parecieron cero controversiales y, al contrario de varios contenidos heterosexuales, sí servían a la trama y al viaje del personaje de Colin. Como mencioné al principio, Alexander Skarsgård no le teme a nada, pero Harry Lighton se las arregló para crear una atmósfera segura y curiosa, nunca cayendo en el morbo ni tampoco en la sobre exposición. Cuando es así, se agradece una nueva mirada dentro de este género.







