Recuerdo perfectamente el momento en que una amiga del colegio llegó contándome la trama de “Dracula 2000”; ese entusiasmo con el que una persona habla sobre alguna pelÃcula que le gusta nunca se olvida. Ella estaba tan emocionada que me contó toda la trama, spoilers incluidos; no la culpo. Creo que se debió a que, como estábamos en un colegio católico, el tipo de desenlace que tiene esta pelÃcula siempre fue parte de un tema algo controversial.
Basándose en la novela de Bram Stoker, como todas sus predecesoras, “Dracula 2000” también se centra en la figura del clásico vampiro, pero lo trae hasta la era moderna, en donde Abraham Van Helsing (Christopher Plummer) todavÃa trata de evitar el regreso del demonio. Esta vez, lo hace por razones más personales: Van Helsing está tratando también de proteger a su hija, Mary (Justine Waddell). El ayudante de Abraham, Simon Sheppard (Jonny Lee Miller) asume la responsabilidad de cuidar la joven luego de que la tumba de Drácula fuese abierta. El vampiro, tal y como en el pasado, vuelve a cruzar océanos con tal de encontrarse con su nuevo desafÃo amoroso.
A pesar de los varios clichés y de las malas actuaciones que rodean a esta pelÃcula, su desenlace final no puede dejar de intrigarme. Es tan entretenido que, esta vez, la verdadera identidad de Drácula sea Judas y que varias de las caracterÃsticas clásicas del vampiro hasta tengan sentido como, por ejemplo, su aborrecimiento frente a algún sÃmbolo católico o su vulnerabilidad frente a la plata y a los amaneceres; es tan interesante como divertido.
Exijo un remake.
