La trama de un narcotraficante que desea comenzar su transición expresada a través de un musical sonaba interesante en un principio; después de todo, un poco más de representación transexual en los medios nunca estará de sobra, pero el desarrollo de “Emilia Pérez” deja bastante que desear. Tras unos primeros minutos en donde consigue llamar la atención, la película pronto comienza a decaer y a quedar en nada más que en una superficial historia hecha a medias.
Manitas del Monte (Karla Sofía Gascón) es un criminal mexicano que contrata a la abogada, Rita Mora Castro (Zoe Saldaña), para que ella le ayude a encontrar a un discreto doctor que practique su anhelada transición. ¿Por qué un narcotraficante de la talla de Manitas necesitaría una abogada? La película no lo explica, pero Rita acepta la oferta, ya que trabaja en una oficina en donde jamás encontrará oportunidades de crecer ni tampoco un mejor sueldo. Tiempo después, siendo ahora Emilia Pérez, la ex criminal crea una organización que ayuda a las familias de personas que han desaparecido por culpa del narcotráfico, personas que incluso desaparecieron por culpa de Manitas.
Las temáticas de la película son, sin duda, temas bastante presentes tanto en México como en el resto de Latinoamérica, pero “Emilia Pérez” no supo reflejar la realidad de ninguno de sus temas. La película sólo toma estas situaciones casi como una excusa para presentar una historia floja, prejuiciosa e ignorante que no avanza, no emociona y no funciona.
Uno de los mayores problemas debe ser que el director, Jacques Audiard, es francés, que ninguna de las protagonistas es mexicana y que, durante producción, hubo muy pocos latinos involucrados. Al comienzo, le di el beneficio de la duda a Jacques Audiard sólo porque dirigió "Rust and Bone", una de mis películas favoritas de Marion Cotillard, pero él enseguida deja en evidencia lo poco y nada que sabe acerca de la cultura mexicana, por lo que “Emilia Pérez” pasa a ser otra película más que se basa en sólo ideas preconcebidas de cómo los europeos siempre nos han visto. En lugar de haber profundizado en temas como la transexualidad o la violencia, la película trata estos temas de manera superficial; cada escena se siente vacía y es incluso difícil empatizar con los personajes.
Tampoco ayuda el hecho de que cada canción parte de este musical es más aburrida que la anterior; las frases no riman, el ritmo se pierde y, al igual que varias de las escenas, las canciones no consiguen emocionar y sólo parecen un relleno adornado con una bonita fotografía alrededor. En cuanto a las actuaciones, las de Karla Sofía Gascón y de Zoe Saldaña son decentes, pero también bordean la vergüenza ajena en ocasiones. Sin embargo, la peor decisión de casting tiene que ser la de Selena Gómez; primero, es una decisión bastante cuestionable cuando todos sabemos que ella apenas habla español y que es una de los varios actores y cantantes estadounidenses que quieren sumarse a la moda que ahora significa ser latino. Más allá de que su personaje sea una norteamericana que acabó casada con Manitas y que su acento sea el de un gringo promedio, la molestia con Selena Gómez tiene que ver con la apropiación cultural de la que se aprovecha cada vez que quiere sacar a relucir su cuarto de origen latino sólo cuando le conviene; el resto del año, ella sigue siendo estadounidense, una que no se molesta en aprender ni siquiera el idioma de la cultura de la cual dice ser parte.
“Emilia Pérez” arrastraba cierta reputación desde su estreno en el festival de Cannes este año; la película ganó el Premio del Jurado y el premio a Mejor Actriz, el cual se repartió entre las tres protagonistas, un hecho que ya causaba bastante impresión, porque pocas veces esto ha sucedido. Junto con una ovación de nueve minutos luego de su estreno, parecía que "Emilia Pérez" era una película digna de ver, una representación de la cultura latina y una puerta para una actriz transexual... pero no.
Cada año que pasa me doy cuenta de que no se puede confiar en el aplausómetro de Cannes.




