Como agua para chocolate (1992)

by - sábado, abril 11, 2026

 


Con las últimas noticias de una nueva adaptación de La Casa de los Espíritus, me acordé de otra novela latinoamericana que también había tenido una adaptación durante los años noventa, quizás con mayor éxito y mejor recepción. También pensaba que estaba corriendo un riesgo: bajo la mirada de esta época, la versión de La Casa de los Espíritus, dirigida por Bille August, no es más que una pobre apropiación cultural llena de actores gringos fingiendo ser chilenos cuando apenas podía pronunciar nombres como Esteban o Clara; al menos Como agua para chocolate tuvo mejor suerte.

Mucha de esa suerte recayó en que la propia escritora de la novela, Laura Esquivel, estuvo a cargo del guión de la película, dirigida por su marido Alfonso Arau; la producción quedó en manos mexicanas, por lo que la adaptación resalta todos los aspectos del realismo mágico que aparece en la obra y se mantiene bastante fiel al libro. Como agua para chocolate comienza con la narración de Lucía Brown (Arcelia Ramírez), quien nos contará sobre las desventuras de su familia durante la época de la revolución mexicana.

Doña Elena (Regina Torné) era la estricta y fría jefa del hogar, quien manejaba su casona junto a la ayuda de sus tres hijas: Rosaura (Yareli Arizmendi), Gertrudis (Claudette Maillé) y Tita (Lumi Cavazos). Siendo la hija menor, Tita está obligada a cuidar de su madre hasta que ella muriera, por lo que su amor con Pedro (Marco Leonardi) es imposible; él no se resigna, pero no se le ocurre nada mejor que casarse con Rosaura solo para estar cerca de Tita. Ambos enamorados viven de roces, miradas y de comidas preparadas con toques de su amor prohibido, comidas que provocan de todo en las personas que las prueban: si Tita cocina con tristeza, su comida cae mal, pero si Tita cocina con amor, su comida es capaz de llevar a Gertrudis a una gran revolución sexual que obliga a su madre a casi desheredarla.

El realismo mágico se hace presente en cada receta del personaje principal y en las consecuencias que sufren los demás, mientras que la realidad para Tita se vuelve cada vez más cruel e injusta. Al mismo tiempo, Como agua para chocolate se siente una adaptación fidedigna, ya que transmite varios aspectos de tradiciones mexicanas y latinas de la manera correcta, haciendo imposible no sentir nostalgia de ciertos olores, sabores o hasta rincones de alguna casa familiar. Esos detalles me llegaron mucho más que la historia romántica, el tema principal de la película, pero creo que se debe a cosas como el doblaje que necesitó el actor italiano más que a un tema de desarrollo.

Por suerte, para más desarrollo, Como agua para chocolate también tiene su merecida adaptación en formato de serie.

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