1001 películas: La Dolce Vita (1960)

by - viernes, mayo 21, 2021

 


Durante la década de los años cincuenta, en la idílica ciudad de Roma, Marcello Rubini (Marcello Mastroianni) pasa sus días trabajando como periodista de espectáculos. Marcello se da la gran vida paseando en un auto de lujo, cenando en finos restaurantes y codeándose con celebridades y personajes aristocráticos, llenando de excesos su lado más superficial. Su lado más sensible, en cambio, sólo desea en convertirse en un escritor que sueña con rodearse de poetas, intelectuales y filósofos, tratando de darle un poco más de sentido a la vida. Marcello tiene dos amores: el periodismo y la literatura.

“La Dolce Vita”, película dirigida por Federico Fellini, está compuesta de siete actos, los cuales narran la vida profesional y personal de Marcello. El periodista debe lidiar con los celos de su novia, Emma (Yvonne Furneaux), mientras acompaña a la actriz estadounidense, Sylvia Rank (Anita Ekberg), durante su visita a Roma; Marcello también pasa una divertida noche con su padre y asiste a fiestas en grandes mansiones, en donde se encuentra con Maddalena (Anouk Aimée), una de sus varias amantes, y con Steiner (Alain Cuny), uno de sus pocos buenos amigos. Estos siete actos no están conectados entre sí ni tampoco cuentan una historia lineal, incoherencia que quiere demostrarnos la falta de significado tanto en la vida de Marcello como en la del resto de los personajes.

El estilo de vida que todos llevan es uno que, fácilmente, podríamos envidiar; una rutina de excesos, privilegios y diversión, sin afrontar mayores consecuencias, siempre podrá ser atractivo. La realidad es que, tras el término de la Segunda Guerra Mundial, la vida nocturna italiana parece vacía, idiota y pseudo intelectual. Evidencia de esto es la frustración que Marcello demuestra tras cada acto, así como también lo es el descontento de su amigo, Steiner; Marcello cree que él lleva una vida perfecta, el tipo de vida que le gustaría experimentar, pero la trágica historia de Steiner no hace más que demostrarle todo lo contrario.

No hay nada que envidiar en un lugar en donde todos hacen y nadie siente, en donde todos hablan y nadie escucha. Marcello no puede escuchar a las jóvenes de la terraza, no escucha las quejas de Emma, él y Sylvia hablan dos idiomas distintos, Maddalena no escucha su declaración de amor y el ruido de las olas impide que el periodista escuche a la joven de la playa.

“La Dolce Vita” es una hermosa crítica a la ironía de tratar de encontrar un sentido a la vida, a la decadencia de la vida social de unos pocos afortunados y al vacío que llena varios de sus encuentros, aquellas famosas fiestas que “son famosas, porque parecen funerales de primera clase”.

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