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Cruella (2021)
Cruella de Vil es uno de los personajes más interesantes dentro del universo de Disney. Tanto en la versión animada de 1961 como en el live action que se estrenó en 1996, la diseñadora se destacó debido a su estilo, a su voz, a su apariencia tenebrosa, pero, por sobre todas sus cualidades, Cruella se destacaba por su increíble maldad, una maldad que no ocultaba y que la impulsaba, incluso, a querer despellejar a un montón de cachorros con tal de hacerse un abrigo de piel.
En este nuevo live action, dirigido por Craig Gillespie (“I, Tonya”), el personaje de Cruella (Emma Stone) se convierte en una versión mucho más suavizada que sus predecesoras, más suave de lo que hubiese esperado; uno de sus fieles acompañantes, por ejemplo, es nada menos que un perro. Es como si trataran de decirnos que no, le agradan las mascotas, así que no terminará asesinando a ninguna, tranquilos, cuando ya sabemos todo acerca de sus futuros planes.
De cierta manera, la película también intenta retratar a Cruella como una figura digna de admiración; es independiente, profesional, segura de sí misma, tiene excelente gusto y, partiendo desde abajo, consigue llegar hasta la cima del negocio de la moda. Cruella podría ser el perfecto ejemplo de una girl boss empoderada que aspiraríamos a ser, pero borran tanto el aspecto de su característica maldad que pareciera que tenemos enfrente a un intento de personaje empoderado que pierde toda la esencia de lo que hace que Cruella sea el ícono malvado que tanto nos deleitó en décadas anteriores.
Fue imposible también sentir cierta contradicción cuando la película criticaba, justamente, lo que Cruella también representa: una mujer vanidosa, egoísta, que no está a favor de nada ni de nadie más que de ella misma. La crítica, en este caso, va dirigida hacia el personaje de Baroness von Hellman (Emma Thompson), una diseñadora tan déspota como autoritaria, tan brillante como ambiciosa. Durante la década de los años setenta, Baroness nota el talento de la joven Cruella y la contrata en su taller. Cruella la admira y la respeta, pero cuando se entera que Baroness estuvo involucrada en la muerte de su madre, la protagonista comienza a planificar su venganza.
Es una venganza llena de momentos fashionistas exquisitos, decorados con canciones claves de aquella época y que amamos hasta el día de hoy. En ese sentido, es un acierto tener a Jenny Beavan a cargo del vestuario; su trabajo es tan destacable que sueño con cada atuendo que Emma Stone luce durante la película. Beavan también estuvo a cargo del vestuario en “A Room with a View” y en “Mad Max: Fury Road”; ambas cintas le valieron un merecido premio Oscar. Mencionando de nuevo a la banda sonora, recalco lo buena que es, pero, lamentablemente, su excesivo uso sólo recuerda otro abuso de soundtrack como el que hubo en “Suicide Squad”.
Excesiva también es la duración de la película; más de dos horas parecen innecesarias para la historia que intentan contarnos. Pero, además de otros detalles que tampoco me gustaron, creo que la verdadera razón por la cual no disfruté “Cruella” es porque no disfruto de aquellas historias que quieren conseguir que empaticemos con el villano. Los villanos existen por una razón. Intentar mostrar un lado más amable o más humano es privarlos de aquella característica por lo que destacan e, incluso, es quitarles el carisma que nos atrae de ellos; me refiero, por supuesto, a villanos ficticios. Personalmente, no quiero sentir lástima por ellos, sólo quiero tratar de entender por qué hacen lo que hacen sin que los presenten como un ex joven ejemplar sobre el cual sus vecinos jamás pensaron mal.
He leído varias comparaciones entre “Cruella” y “Joker”, película dirigida por Todd Phillips. Sólo me hicieron recordar por qué no disfruté esa película tampoco. Dejen que los villanos sean villanos.


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