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Aftershock (2012)
Somos un país con cultura sísmica; creo que nunca seremos inmunes a cualquier movimiento fuerte de las famosas placas, sobre todo, después del terremoto de 2010. A lo que podríamos ser inmunes es a las películas hechas por cuicos como Nicolás López. Vi una de sus películas para 365mm y, aunque era parte de una trilogía, me dejó sin ganas de ver ninguna otra segunda ni tercera parte.
En “Aftershock”, el cineasta recluta a más cuicos para una historia sobre un terremoto en Valparaíso y las secuelas que deja no sólo en la ciudad, sino que también en sus habitantes. Los protagonistas son Pollo (Nicolás Martínez), Ariel (Ariel Levy) y Gringo (Eli Roth), tres amigos que están vacacionando en la ciudad y que conocen a tres jóvenes: Kylie (Lorenza Izzo), Mónica (Andrea Osvárt) e Irina (Natasha Yarovenko). Todos disfrutan del carrete porteño hasta que un terremoto acaba con la diversión.
Y creo también que, desde ese momento, la película comienza a ser cada vez peor. En un Valparaíso que no tiene nada de Valparaíso, los protagonistas recorren calles sin sentido con tal de buscar refugio, ya que el terremoto provocó una fuga en la cárcel de la ciudad. Todo se vuelve un caos y las personas no demuestran ninguna otra cosa más que ser peligrosas. Entiendo que sea una película de terror con tintes de gore, pero en “Aftershock” nada funciona.
Sentí mucha vergüenza ajena por Eli Roth, el Oso Judío de “Inglourious Basterds”; no sólo se queda con esta imagen del cine chileno, sino que también tuvo que actuar en este bodrio. Pero eso no es lo peor: para los personajes de esta película, los presos de la cárcel son fáciles de identificar por sus tatuajes. TATUAJES.
Qué vergüenza.


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