Ingenuamente, pensé que una versión en pantalla grande de "Fifty Shades of Grey" serÃa mucho más interesante que aquel libro que, por alguna inexplicable razón, fue todo un éxito. Mi error. Cuando empecé a leerlo, pensé que llegarÃa hasta el final, como pasa con cualquier otro libro, pero no pude con tan romanticismo cursi y lÃneas tan patéticas como "Si fueras mÃa, no podrÃas sentarte en una semana”. Más que parecer una frase erótica, parece un mal chiste de cierto comediante chileno.
Con la pelÃcula entonces, por supuesto que pasó algo parecido. No pueden vender algo como “el nuevo romance de este siglo” sino existe algo de quÃmica entre sus protagonistas, no pueden vender una pelÃcula erótica finalmente para mujeres si quien pasa más tiempo desnuda en pantalla es la protagonista y no su interés amoroso y tampoco pueden promocionar a Christian Grey como un prÃncipe azul moderno cuando el personaje es un abusivo manipulador y stalker que no entiende que de lÃmites ni de respeto.
Por último, tampoco pueden dejar tan mal parada a la comunidad BDSM; en primer lugar, porque la protagonista juzga mucho aquella práctica como si fuera lo peor que dos personas que se gustan pueden hacerse y, en segundo lugar, porque segundo protagonista, quien es seguidor de esta práctica, es todo lo contrario a lo que propone el BDSM; como escribà anteriormente, no entiende lo que es el respeto.
Tanto la versión literaria como la versión fÃlmica de la saga de "Fifty Shades of Grey" son una prueba más de lo poco que hemos avanzado como para que una relación abusiva y tóxica como la de Anastasia y Christian sea idealizada de esta manera. Incluso aquella defensa de que luego Anastasia toma las riendas de la relación, es una defensa infundada; sólo vieron la pelÃcula que quisieron ver.

