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We'll always have Paris


El caso de Mary Kay Letourneau causó conmoción durante la década de los ’90, ya que se trataba de una profesora de 34 años que había violado a uno de sus alumnos, Vili Fualaau, quien tenía apenas doce años. Por supuesto que Letourneau fue a la cárcel, pero el abuso contra su alumno no terminó y dio a luz a dos hijas durante el tiempo en el que estuvieron juntos; ella siempre insistió en que estaban enamorados y que su relación fue consensuada, pero cualquier persona normal sabe que eso no es cierto.

Casos así son difíciles de abordar o de conversar, pero para eso están las películas y la historia sirvió de inspiración para May December, película dirigida por Todd Haynes. Como su título lo sugiere, la cinta habla de la diferencia de edad en una relación, pero la diferencia es tan grande que la primera interacción entre Gracie (Julianne Moore) y Joe (Charles Melton) parece la de una madre con su hijo. Luego vamos aprendiendo que ambos son una pareja bastante establecida y vamos aprendiendo al mismo tiempo que Elizabeth Berry (Natalie Portman), una famosa actriz que interpretará a Gracie en una nueva película sobre su particular caso.

A través de las incómodas conversaciones e interacciones que Natalie mantiene con la familia Atherton-Yoo y otros involucrados, nos enteramos que Gracie tenía 36 años cuando abusó de Joe, quien tenía trece años y estaba en el mismo curso que el hijo mayor de su ahora esposa. Gracie fue a la cárcel, en donde dio a luz a la primera hija de ambos, para luego salir en libertad, retomar su relación con Joe y tener dos hijos más, los gemelos Mary (Elizabeth Yu) y Charlie (Gabriel Chung), y vivir en una comunidad de Savannah casi como si nada hubiera pasado. Grace es considerada, por algunos, como una parte esencial de la comunidad, mientras que al mismo tiempo todavía recibe cajas con excremento en la entrada de su casa. Joe, por su parte, parece vivir en su propio mundo y se ve siempre tímido, tenso y nervioso, como si se hubiera quedado en aquella turbulenta etapa de su niñez. 

Pronto las intenciones de Elizabeth sobrepasan el morbo y el prejuicio y es increíble ver cómo el personaje se va hasta mimetizando con el personaje de Gracie: comienza a copiar sus manierismos, su tono de voz e incluso intenta a acercarse a Joe de la manera en que ella cree que Gracie lo hubiera hecho; la película nos muestra cómo algunas líneas se van borrando durante las interacciones entre los protagonistas, tal y como lo define Elizabeth en algún momento, ya que puede ser difícil diferenciar entre la realidad y el deseo. Y da gusto ver un desarrollo así en el cine, uno complejo, sin sentencias y que nos de el espacio para analizar un tema que, en la vida real, no siempre se puede analizar con la misma libertad. 

May December me cautivó desde el principio hasta el final; las actuaciones son increíbles y la dirección de Todd Haynes califica de inmediato que su película gira en torno a un abuso específico, pero también le permite a cada uno de los personajes principales abarcar aquel tema de una manera directa, confrontacional y a veces dolorosa. La escena de “¿quién estaba a cargo?” se quedará conmigo por un largo tiempo.
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Las críticas a Wuthering Heights comenzaron desde el momento en que se anunció una nueva adaptación de la obra de Emily Brontë; después aparecieron las primeras fotos de las grabaciones y las críticas continuaron: que era una adaptación innecesaria, que Emerald Fennell no era la directora adecuada, que el casting de Margot Robbie y Jacob Elordi no pegaba para nada, que quizás sería otro tipo de adaptación y miles de comentarios y artículos casi todos los días. Y estuve de acuerdo con todo.

Incluso antes del lanzamiento del tráiler, las imágenes de la película no tenían ningún sentido, pero también es cierto que hay que esperar hasta ver una película antes de caer solo en críticas negativas. Eso tampoco funcionó. Primero, si la directora hubiese elegido un “película inspirada en…” antes de un “película basada en…”, todos nos habríamos ahorrado el mal rato; Fennell explicó en entrevistas que quiso hacer la versión que ella imaginaba de Wuthering Heights cuando lo leía de adolescente y esa explicación me suena claramente a fan fiction. Si se hubiera atrevido a crear algo distinto, inspirada justamente en la historia de Brontë, quizás la película habría sido algo más entretenida y consistente.

Esta versión de Wuthering Heights tiene un par de cambios, como cualquier adaptación anterior en donde, por ejemplo, omiten la segunda parte del libro; acá, el personaje abusivo del hermano de Catherine (Margot Robbie) pasa a ser solamente el personaje de su padre, Isabella Linton (Alison Oliver) parece haber sufrido de una lobotomía y la relación entre Catherine y Heathcliff (Jacob Elordi) alcanza otros niveles. Entendible hasta ahí, pero la película nos quiere dar una historia provocativa y sensual que nunca alcanza a entregar. Los cambios de tono a los que Emerald Fennell apuesta nunca se cumplen y culpo a la falta de química entre sus protagonistas, la cual también se ve mal influenciada por la diferencia de edad; sin querer discriminar por ese tema, pero la diferencia es demasiado notoria y también desencaja en características como en la personalidad de Catherine, quien es una adolescente a veces malcriada, y es algo muy fuera de lugar ver actitudes así por parte de una actriz de 35 años. 

Volviendo al tono sensual que Fennell pretendía, este tampoco se explora, porque no hay nada provocativo, solo sugerente. La película comienza con el ahorcamiento de un personaje y una visible erección que su cuerpo no puede controlar, como si esta escena quisiera establecer las pautas de lo que se viene… pero no queda en nada. Hay escenas un tanto explícitas, pero la más obvia no es ni siquiera entre los personajes principales, lo que tampoco tuvo sentido para mí. Por otro lado, el personaje de Isabella recae en una dinámica de dom-sub con Heathcliff, lo cual es una extraña decisión cuando la relación de ambos en el libro es una más de abuso; idealizar una relación así no es ser controversial o demostrar que se puede ser provocativo, sino que recae hasta en la ignorancia. 

Sin conseguir despertar ningún sentimiento de ¿fogosidad? como se pretendía, Wuthering Heights también falla en un detalle que no puedo dejar pasar: el casting. Ya es un tema la presencia de Margot Robbie como Catherine, por más que su actuación sea decente, pero Jacob Elordi tampoco pertenece en una historia en donde siempre se ha descrito a Heathcliff como un hombre que no era blanco; una decisión así también es insensata cuando decides contratar a un actor de color para el personaje de Edgar Linton (Shazad Latif), a quien nos presentan como el obstáculo entre Heathcliff y Catherine; ¿debemos odiar o estar en contra del único personaje de color que impide que los dos protagonistas blancos estén juntos? Como diría Tatianna, that was a choice.

Wuthering Heights quiso provocar, pero ni siquiera incomoda, solo se siente vergüenza ajena. Podría destacar la música, la producción o el vestuario, pero todo eso se ve opacado por una historia que no tiene sentido y que se vuelve aburrida desde el momento en que tratan de construir algo entre los personajes principales. Por suerte, no perdí mi tiempo viéndola en el cine.
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Cuando sigues a un actor que estuvo buscando el tan codiciado éxito después de pasar años y décadas haciendo películas independientes o interpretando pequeños papeles en televisión, luego es muy difícil encontrar todo ese material, incluso cuando tenemos todo el internet a nuestra disposición, pero por suerte, hace unos días una de que aquellas películas de Pedro Pascal estuvo disponible en streaming. Al fin.

Burning Bridges fue dirigida en 1996 y significó el debut de Pedro en el cine, durante una época en la que usaba el nombre de Pedro Balmaceda. La película cuenta la historia de Jeremy (Pascal), un adolescente de buen corazón, pero muy rebelde, quien es expulsado del internado al que asiste; su familia es privilegiada, pero sus padres se odian y apenas le dedican atención a su hijo, razones por las cuales Jeremy es de la manera que es. Aquel día en el que es expulsado, Jeremy conoce a Kara (Sarah Graham Hayes), una joven ama de casa que sufre los abusos de su marido alcohólico; tratando de ayudarla, Jeremy se ve involucrado en toda esa tóxica situación.

A pesar de ser un cortometraje, Burning Bridges cubre y muestra lo suficiente como para darse cuenta de lo talentoso que Pedro Pascal siempre ha sido; no es porque sea mi compatriota, pero siendo muy objetiva, Hollywood de verdad se farreó a Pedro todos estos años. En una historia con muchas vibras de The Catcher in the Rye, Pascal demuestra esa clásica sensibilidad del actor debutante que me recordó mucho a James Dean y que disfruté también a pesar de que nunca me ha gustado The Catcher in the Rye.
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Mientras el resto del mundo disfrutaba del estreno de Jaws en 1977, en Brasil la dictadura continuaba arruinando el panorama del país y las vidas de sus habitantes. Uno de ellos, Armando Solimões (Wagner Moura), debe huir y esconderse en la ciudad de Recife con tal de sobrevivir a los hombres que lo persiguen; más que un activista, Armando era un profesor universitario que había enfrentado al hombre que quería hacer recortes en la universidad, pero eso le costó su seguridad.

El título de El Agente Secreto puede ser engañoso, porque nos puede llevar a imaginar un thriller lleno de acción e intriga, pero no estamos viendo una película gringa y su director, Kleber Mendonça Filho nos lleva a un lugar mucho más cotidiano y familiar alrededor del mismo género del thriller. El personaje de Armando llega a Recife durante la época del carnaval y consigue la ayuda de doña Sebastiana (Tânia Maria), quien le da un techo y una nueva identidad: Marcelo. Marcelo, entonces, comienza a trabajar en una oficina y divide el tiempo que puede en visitar a su pequeño hijo, Fernando, quien vive con sus abuelos maternos.

Marcelo cree que puede comenzar desde cero o que tendrá oportunidad de salir del país, pero quienes lo persiguen siempre están cerca, acechando y sembrando el miedo, tal y como las pesadillas de Jaws que tiene Fernando o como la noticia de aquella extremidad encontrada dentro de un tiburón que ataca a las personas durante las noches. El Agente Secreto es una película que muestra pequeñas historias entrañables para compensar otras más dolorosas, como el destino de Fátima (Alice Carvalho), esposa de Armando, o la realidad del resto de los asilados en casa de doña Sebastiana, así como también la realidad brasilera de la época.

En una película llena de buenas actuaciones, el director también se luce al mostrar el trauma generacional que dejan los actos de una dictadura. Aquellas últimas escenas me pillaron de sorpresa, casi sacándome de la historia de Armando/Marcelo, para luego mostrarme cómo su historia continuaba viva a través de las heridas abiertas de Fernando. Es tragicómico que una historia tan particular pueda ser tan reconocida en aquellos países en donde las dictaduras dejaron consecuencias con las que tenemos que lidiar hasta el día de hoy; es triste que tengamos esas cosas en común, pero cada uno elige lidiar con ellas como pueda.

El Agente Secreto entró a mi lista de favoritas, al igual que Sentimental Value; dos películas compitiendo en la categoría de mejor película extranjera que son demasiado para esas premiaciones gringas, pero la primera también fue un muy buen regalo de cumpleaños en esta oportunidad.
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En el mundo minero existe una superstición que prohíbe a las mujeres entrar a trabajar a las minas, ya que cualquier presencia femenina podría provocar un derrumbe. La región de Río Turbio no era la excepción y fue allá en donde se desarrolló la historia de Carla Rodríguez, una mujer trans que se convirtió en la primera mujer en trabajar en la minera del pueblo.

Agustina Macri, directora argentina, decidió llevar la historia de Carlita, como todos la llamaban, a la pantalla grande de la mano de Lux Pascal en el rol protagónico. La película muestra la vida de Carla, desde que era una adolescente discriminada por sus padres y apoyada por otras mujeres trans del lugar, hasta que comienza a trabajar en la minera y cumple su sueño de transicionar. El proceso es lento y significativo, pero el sueño de Carla también choca con su sueño de trabajar en la mina por culpa de la superstición; no solo debe lidiar con los prejuicios sobre su cuerpo y su derecho a existir, sino que también debe luchar por su derecho a trabajar.

A pesar de los complicados momentos que vive el personaje, su mundo está rodeado de dulces compañías, como las de sus amigas o la de un compañero de trabajo, Antonio (Paco León); las amistades de Carla son quienes siempre la acompañan y consuelan en todos sus procesos, porque siempre podemos encontrar el apoyo de otras mujeres en los lugares más inesperados. Rescato mucho aquellos detalles de la película, pero me hubiese gustado que Miss Carbón profundizara mucho más cada tema que presentaba: la discriminación, el trato en el trabajo, los cambios en el cuerpo de Carla, la batalla para seguir trabajando en la minera, siento que todo era presentado y no desarrollado.

De todos modos, Miss Carbón compensa con la ternura presente en cada una de sus escenas y con la esperanza que nos dan también hacia el final; Lux Pascal interpreta a Carla con sencillez y valentía, a pesar de que a veces la perdía por los intentos de dominar el acento argentino. La película también me enseñó sobre aquella superstición de los mineros y del avance del movimiento trans en Argentina y, si hay algo que también me gusta de las películas, es cuando me enseñan y cuando desarrollan la tan necesitada inclusión.
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Desde que Pillion se estrenó en el pasado festival de Cannes, estaba muy entusiasmada por verla, ya que Alexander SkarsgÃ¥rd no le teme a nada y siempre está corriendo riesgos; a estas alturas, la trama de la película no debería ser consideraba controversial, pero los temas que Pillion trata pueden ser todavía tabúes para la sociedad más conservadora.

La película está basada en el libro Box Hill, escrito por Adam Mars-Jones, y fue dirigida por Harry Lighton, lo que marca también su debut como director; ambas obras se centran en la relación BDSM entre un inexperto joven y un intenso motoquero. Colin (Harry Melling) es tímido, ingenuo y sensible; vive con sus padres, forma parte de un grupo de canto y su sexualidad no es un secreto para nadie, por lo que la historia no se convierte en una de autoaceptación o de discriminación, y tampoco se transforma en una historia de amor imposible y, por suerte, tampoco recae en la tropa de bury your gays.

Cierta noche, Colin conoce a Ray (Alexander Skarsgård), quien es todo lo contrario a él: alto, seguro, intimidante y convencionalmente hermoso; algo en Colin llama la atención de Ray y, aunque Colin quiera describirla como una especie de pololeo, ambos comienzan una relación de dom y sub. Paralelamente a sus intentos de ganar el corazón de Ray, Colin también comienza meterse cada vez más en aquel mundo de las motocicletas, el cuero y las relaciones BDSM: Ray lo incluye en su grupo, le ordena cómo vestirse y cómo peinarse, le impide dormir en la misma cama con él y niega cualquier acercamiento amoroso, detalles que Colin obedece de inmediato y así se va dando cuenta de que tiene una aptitud para la devoción. El conflicto se da cuando Colin quiere más de aquella relación, pero no toma en cuenta que, si el dom debe respetar al sub, el sub debe hacer lo mismo por su parte.

La palabra pillion se refiere, básicamente, al asiento trasero de una motocicleta, lugar en donde Colin se aferra a Ray, en donde es feliz de estar y en donde, precisamente, Ray lo quiere; es hasta triste, y a veces gracioso, ver los intentos que Colin hace por cambiar la dinámica, pero Ray no cede. La película gira alrededor de aquella problemática y del autodescubrimiento de Colin, por lo que perfectamente puede ser considerada dentro del género del coming of age y concuerdo con que corresponde mucho más a ese género que a un drama o a una comedia romántica. Con lo que no estoy de acuerdo es con que algunos comentarios giren solamente alrededor de la apariencia física de Colin (o de su actor); la película no se trata de si Colin es lo suficientemente atractivo o no como para estar con alguien como Ray, se trata de si el personaje tiene o no la suficiente capacidad como para entregarse al tipo de relación que Ray busca. Prefiero quedarme con esa segunda parte.

En cuanto a las escenas que provocaron la atención alrededor de “Pillion”, me parecieron cero controversiales y, al contrario de varios contenidos heterosexuales, sí servían a la trama y al viaje del personaje de Colin. Como mencioné al principio, Alexander SkarsgÃ¥rd no le teme a nada, pero Harry Lighton se las arregló para crear una atmósfera segura y curiosa, nunca cayendo en el morbo ni tampoco en la sobre exposición. Cuando es así, se agradece una nueva mirada dentro de este género.
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Más películas sobre la maternidad, por favor. 

Cuando pensaba que Die My Love era un retrato completamente estresante sobre la maternidad, If I Had Legs I'd Kick You me golpeó tan fuerte como las olas que también golpean a la protagonista durante una escena de la película.  La cinta fue escrita y dirigida por Mary Bronstein y cuenta con Rose Byrne en el rol protagónico de Linda, una psicoterapeuta que lleva mucho tiempo lidiando sola con la desconocida enfermedad de su pequeña hija; su rutina se basa en cuidarla día y noche mientras también trata de mantenerse profesional en el trabajo.

La rutina no es fácil de por sí, debido a lo complicada y dependiente que es la enfermedad de la hija, pero pareciera que las cosas en la vida de Linda van de mal en peor; mientras su marido está fuera por temas de trabajo, el techo de su casa se derrumba y Linda se ve obligada a pasar unos días en un motel de no muy buena calidad. Su hija no está cumpliendo las metas para poder dejar de ser alimentada a través de un tubo, algo que la haría más independiente, y una de las pacientes de Linda, Caroline (Danielle Macdonald), está pasando por una depresión post parto tan grande que abandona a su bebé en la oficina de Linda. Junto con los caprichos y gritos de su hija, las peleas por el celular, el mal dormir y la presión del trabajo, el día a día de Linda se vuelve cada vez más caótico.

Rose Byrne interpreta al personaje de una manera cruda y honesta, ya que está a cargo de una persona que falla constantemente y que falla por culpa de las presiones de la sociedad y porque también vive en una sociedad que no permite que las madres se equivoquen; la presión por ser perfectas ha acabado con la sanidad de muchas personas. La película también se encarga de hacernos sentir esta presión gracias a sus tomas claustrofóbicas y estresantes, en donde podemos observar el estrés y la desesperación de Linda frente a cada problema con el que tiene que lidiar por sí misma; son minutos agotadores, pero también es refrescante ver a una madre siendo mala en lo que hace, ya que siempre se nos ha enseñado a esperar lo contrario.

En ese sentido, If I Had Legs I'd Kick You no tiene miedo a incomodar ni de someter a su audiencia a otra cara de la maternidad, la cara de la que menos se habla y la que más debería ser discutida; los diálogos no temen cuestionar qué hay más allá de la maternidad o qué hubiera pasado si hubieras abortado a este hijo y no al anterior, porque son justamente conversaciones necesarias que siempre han sido tratadas como tabúes y, al menos el cine, da un espacio para que esas conversaciones se luzcan.

A pesar de lo incómoda y estresante que es, If I Had Legs I'd Kick You merece ser vista precisamente por esas razones; su representación de la maternidad es correcta, dura, errónea y agobiante, una representación que apenas vemos en el cine y que apenas discutimos en la vida real y que merece tener su espacio y ser tratada con compresión y empatía. No podemos quedarnos solamente con el lado bonito e idealizado de las cosas.

Rose Byrne es, hasta ahora, mi favorita en la carrera para los Oscars, pero todavía me quedan varias películas por ver.

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Catalina.
Basada en hechos reales.

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