Una de las cosas que me gusta hacer cuando por fin decido qué película veré, es no perder el tiempo mirando tráileres; como son las cosas hoy en día, un tráiler puede contarte toda la trama de una cinta, dejando poco para la imaginación, o también puede ilusionarte con escenas que luego eliminan completamente. Recuerdo que "Elephant" estaba mi lista de películas pendientes y, confundiéndola con una película europea tipo "Dogtooth", decidí verla. Gratamente sorprendida.
Una de las primeras sorpresas, de hecho, es Diane Keaton colaboró en la producción de la película. "Elephant" muestra la rutina de distintos adolescentes durante un momento específico en el tiempo: los minutos previos a un ataque escolar inspirado en la matanza del colegio Columbine, en 1999. La película nos da a conocer a varios de los alumnos: John (John Robinson), Elias (Elias McConnell), Carrie (Carrie Finklea), Michelle (Kristen Hicks), Brittany (Brittany Mountain), Acadia (Alicia Miles), Benny (Bennie Dixon), quienes viven una mañana normal durante un día de clases más. También conocemos la rutina de Alex (Alex Frost) y Eric (Eric Deulen), ambos asesinos del resto de sus compañeros, ambos un fiel reflejo de todos los atacantes que planifican este tipo de masacres.
Lo interesante de "Elephant" es la manera en la que está relatada: distintas historias, con una duración de diez minutos aproximadamente, nombradas en honor al personaje que será presentado, y las cuales ocurren al mismo tiempo, aun cuando parece que suceden una tras otra; "Elephant", en total, es una historia de ochenta minutos que, en realidad, sucedió en apenas unos veinte. La manera minimalista e improvisada en la que está dirigida logra que todo parezca mucho más real. Y más triste también.
"New York, to paraphrase Bob Dylan, was where I was from, I just hadn't gotten there yet". (Lizzy Goodman).
New York es aquella ciudad en la que nunca he estado, pero que creo conocer muy bien; la mayoría de nosotros podríamos encontrar fácilmente alguna dirección o sabríamos algún clásico lugar de algún clásico vecindario; New York es una ciudad universal. El cine, "Friends" y mi banda favorita han conseguido que sueñe con paseos por Central Park, con viajes en el metro, con caminatas por alguna de las Village o, incluso, con tomar un taxi; todo completamente idealizado. Debido a esto, me pareció que "New York, I Love You" no le hace justicia a la ciudad en la que está inspirada.
La película cuenta distintas historias de distintos desconocidos que deambulan por la Gran Manzana, pero pareciera ser más un collage sin editar de un grupo de enseñanza básica. A pesar de que cuenta con un par de historias interesantes, como la historia del hotel, la historia de los libros o el segmento de los adultos mayores, el resto de los relatos no tiene corazón ni tampoco química. New York pasa muy desapercibido; son historias que hubiesen ocurrido en cualquier otra ciudad del mundo. ¿Han escuchado ese cliché de que "New York se sintió como el quinto personaje de la trama"? En "New York, I Love You", la ciudad ni siquiera alcanzó a ser un extra.
Además, ¿quién preferiría ver a Bradley Cooper antes que cualquier imagen de las luces de Nueva York por las noches?
Sylvie Cooper (Sara Gilbert) es una tímida e introvertida adolescente que asiste a un colegio privado muy prestigioso; cierto día, conoce a Ivy (Drew Barrymore), cuando esta le quita la vida a un animal para evitarle sufrimiento. Poco a poco, ambas comienzan una amistad, ya que Ivy tiene la confianza suficiente como para acercarse a la familia Cooper; los padres de Sylvie aceptan de inmediato a su nueva amiga y Ivy, prácticamente, se muda a la gran mansión, en donde comenzará a demostrar su verdadera faceta.
Recuerdo que siempre se menciona a “Poison Ivy” como un momento en la carrera de Drew Barrymore, durante el cual la joven actriz daba rienda suelta a su “rebeldía” y a las ganas de demostrar que ya no era la pequeña niña de “E.T.”; esa es la manera en que comercializaban una simple decisión de interpretar papeles distintos, pero durante los años noventa, todo parecía ser mucho más dramático. “Poison Ivy” destaca la calidad actoral de Drew Barrymore, pero pareciera que la película no tuviese conciencia de sí misma; de todos modos, creo que la cinta podría elevarse al nivel de culto o de camp.
"Sleepers" no es sólo el título de esta película, sino que también es el nombre que se les da a los jóvenes que han pasado por reformatorios juveniles. Shakes (Joe Perrino), Michael (Brad Renfro), John (Ron Eldard) y Tommy (Jonathan Tucker) corrieron la mala suerte de convertirse en sleepers cuando una jugarreta se les escapa de las manos; asaltan un carrito de hot dogs y este cae encima de una persona. El juicio es bastante rápido y sentencian a los adolescentes a pasar unos años dentro de un reformatorio; ni siquiera la ayuda del padre Bobby (Robert De Niro), el sacerdote del barrio, pudo hacer mucho por el grupo.
Los amigos son llevados hasta el reformatorio "Wilkinson Home for Boys", el cual se ve bastante decente por fuera, pero que, por dentro, se convierte en lugar horrible y abusivo, en donde nadie cree en la rehabilitación que tanto se promete. Es inevitable comenzar desconfiando del padre Bobby cuando había que desconfiar del personaje de Kevin Bacon, el repudiable guardia Sean Nokes; Nokes sólo utiliza el poder que tiene para abusar de los adolescentes que tiene bajo su cargo, abusos que no parecen tener fin y que marcan la adultez del grupo de amigos.
Una realidad que se repite desde hace años, que parece suceder en cada país del mundo, es bastante difícil de ver y de asumir; una realidad triste, pero necesaria de conocer.
Es imposible hablar de "Gilda" sin mencionar lo hermosa que se ve Rita Hayworth en pantalla; tan hermosa que ni el blanco y negro pudieron opacar su belleza. Es imposible también pasar por alto lo talentosa que era: bailaba, cantaba (el lipsync es un pequeño detalle) y, gracias al simple desprendimiento de una prenda tan insignificante como un guante, podía trastornar a todos los hombres a su alrededor. Además, también es imposible olvidar aquella escena en "The Shawshank Redemption", en donde un icónico movimiento de cabello le daba un poco de alegría a todos aquellos internos.
La historia de "Gilda" comienza en Buenos Aires, un detalle más que intrigante. Johnny Farrell (Glenn Ford) es un apostador que gana dinero a modo de trampas, por lo que un estafador más grande lo contrata para trabajar en su casino; Johnny sube de estatus cuando comienza a trabajar para Ballin Mundson (George Macready) y consigue transformarse en su mano derecha. A pesar de creer en que el juego y el amor no deberían mezclarse, Ballin se casa con Gilda (Rita Hayworth), una misteriosa y atractiva mujer que conoce desde apenas unos días; al parecer, el dinero lo compra todo.
La tensión entre Johnny y Gilda es intensa y obvia; ninguno de los dos quiere reconocer que tienen un pasado en común y discuten cada vez que se ven, mientras que Ballin, por su parte, debe lidiar con la legalidad de su casino. Cuando el hostigamiento no da para más, Ballin escapa y finge su muerte; Gilda y Johnny creen que son libres, por lo que contraen matrimonio y se quedan con todo el dinero del empresario, pero ni siquiera de esa manera Gilda puede ser feliz.
Es increíblemente decepcionante la forma en que muchas historias como "Gilda" eran vendidas hacia el público como historias de romance, de infinita pasión, a pesar de lo terrible que en realidad eran: maltratos, amenazas de muerte, actitudes pasivo-agresivas, entre otros. Lo que sí se agradece es el hecho de que la productora de "Gilda" fue una mujer llamada Virginia Van Upp, también guionista, que hizo una revisión de la historia e imagino que ella contribuyó a convertir el personaje de Gilda en uno mucho más interesante.
Durante las nevadas noches del invierno japonés, una desconocida mujer se dedica a asesinar a mafiosos y criminales; con completa sangre fría, la joven utiliza una espada para acabar con ellos, la que esconde dentro del mango de su sombrilla. La voz corre rápido y pronto todos se enteran de que Yuki Kashima (Meiko Kaji), también conocida como Lady Snowblood, se encuentra llevando a cabo un plan de venganza y no se detendrá hasta acabar con todos los responsables de la desgracia de su familia.
Todo había comenzado cerca de unos veinte años atrás. La madre de Yuki, Sayo (Miyoko Akaza), había sido testigo del asesinato de su marido y de su pequeño hijo a manos de cuatro criminales y estafadores; tres de ellos también abusan de Sayo y uno la convierte en su sirvienta. Sayo lo asesina y consigue escapar, pero cuando es arrestada, no puede seguir llevando a cabo su venganza. Durante su estadía en la cárcel, Sayo se acuesta con distintos guardias para así concebir a alguien que sí pueda completar su plan; de esa manera, Yuki llega al mundo, “una criatura nacida sólo para la venganza”.
Si esta trama suena familiar, es porque "Lady Snowblood" es la mayor inspiración de "Kill Bill"; Quentin Tarantino tomó inspiración de la historia, de la música, de la nieve y hasta de ojos destrozados, para crear otra historia de venganza. Ver la inspiración original, claramente, es una experiencia completamente distinta; la venganza no puede ser tratada a la ligera. Durante la secuela de “Lady Snowblood”, Yuki siente el golpe de la realidad y es arrestada; la policía hace un trato con ella y le pide asesinar a un anarquista que incomoda al gobierno.
Quizás la venganza no sea la solución a nuestros problemas de ira, pero si podemos usar nuestro talento para ayudar al prójimo, ¿por qué no?






