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We'll always have Paris

 


La rivalidad entre Cicerón y Catilina en la antigua Roma fue parte de la inspiración que motivó a Francis Ford Coppola para realizar “Megalopolis”, película que se había convertido en su ambición y obsesión desde hace décadas. Coppola trató durante mucho tiempo encontrar a alguna productora que financiara su proyecto y ya que nadie quiso arriesgarse y confiar en él, el director decidió financiar la cinta por sí mismo, tomando las riendas de su pequeño sueño. Ahora que ya vi "Megalopolis", puedo entender por qué nadie quería perder plata con esta película.

Entiendo que los grandes directores quieran realizar la obra de sus sueños cuando por fin pueden o cuando por fin se sienten listos, pero creo todos podríamos haber seguido viviendo sin “Megalopolis”. A pesar de estar bajo la clara influencia de la estética romana tanto en su trama como en detalles en cuanto a los nombres o a la vestimenta de los personajes, detalles que podrían haberla transformado en una historia que apelara a la estética y al drama, la película deja bastante que desear luego de sólo pasar a ser un ascenso lento y gradual, para luego continuar desinflándose desde la media hora en adelante.

La trama gira en torno a la ciudad ficticia y futurista llamada Nueva Roma, la cual vendría siendo una visión moderna de Nueva York, en donde los rivales Cesar Catilina (Adam Driver) y Franklyn Cicero (Giancarlo Esposito) nunca pueden llegar a un acuerdo en cuanto al avance arquitectónico de la ciudad; mientras que el alcalde Cicero quiere desarrollar el crecimiento en base a casinos y al turismo, Catilina quiere construir una especie de paraíso gracias al megalón, un material de construcción creado por él y el cual le valió un premio Nobel. Para complicar más las cosas entre ellos, Julia (Nathalie Emmanuel), la única hija de Cicero, se involucra románticamente con Catilina y la ex amante del arquitecto, Wow Platinum (Aubrey Plaza) se entromete con el futuro financiero de su familia.


Esta fábula, como los créditos nos la presentan, pareciera no tener más intención que reforzar y sostenerse en grandes efectos especiales y en la vanidad de autor; la grandiosidad con la que quiso desarrollarse no queda en nada más que en un par de imágenes bonitas. Los protagonistas no tienen química, los diálogos quieren sonar irreverentes y filosóficos, pero suenan vacíos y aburridos; quizás la única que destaca, muy a mi pesar, es Aubrey Plaza, quien no tiene problemas para dejarse llevar alrededor de interacciones y lugares tan incómodos como extraños.

Es una lástima por actores como Adam Driver, Giancarlo Esposito o Kathryn Hunter, quienes son de esos actores que siempre consiguen lucirse hasta en las películas más aburridos; en "Megalopolis" cada talento se va hundiendo más y más tras cada escena, a pesar de cada intento de salvar esta película. De nada sirven sus actuaciones cuando la historia crece hasta llegar a nada, a un decepcionante final que, luego de los créditos, nos recuerda que Francis Ford Coppola le dedicó esta película a su reciente fallecido esposa. Entiendo que sea un gesto emotivo, pero ni siquiera ese detalle me consiguió emocionar.

Creo que “Megalopolis” estaba destinada al fracaso desde un principio. Primero, si no pudiste hacer una película en treinta años, ya sea debido al dinero o a la falta de apoyo económico, el mensaje es claro; segundo, a pesar de que ninguna película está libre de alguna polémica, "Megalopolis" se rodeó de dos bastante clichés. Sinceramente, a estas alturas, ¿quién puede seguir trabajando con Shia LaBeouf? Su nombre, más que atraer curiosidad, sólo genera desprecio, pero, ¿a quién queremos engañar? Hollywood trabajará con pedófilos y abusadores antes de contratar a otro actor que sí valga la pena. Y si hablamos de acoso, las acciones por parte de Coppola hacia varias de las actrices durante el rodaje tampoco ayudó a la causa. 

Pero, aun sin todas estas controversias, "Megalopolis" no habría podido salir a flote por sí misma; la vanidad y el ego de un director que nos dio un par de excelentes películas no son cualidades suficientes para crear otra buena película. Más que en los aspectos técnicos, lo mejor hubiese sido concentrarse en entregar una buena historia y unas buenas actuaciones antes de apostar todo el dinero en una farsa aburrida y pseudo filosófica.
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Para Maurizio Gucci, la mañana del 27 de marzo de 1995 era una mañana como cualquier otra, pero mientras subía las escaleras que lo llevarían a las oficinas de su empresa, un asesino a sueldo le disparó a sangre fría, causándole la muerte. Tras las investigaciones, la policía llegó a la conclusión de que el asesino había sido contratado por Patrizia Reggiani, su ex esposa; durante el juicio, se aclaró que sus motivos fueron los celos, el dinero y un creciente resentimiento en contra de Maurizio.

“House of Gucci”, la última película de Ridley Scott, comienza con la secuencia del asesinato de Maurizio (Adam Driver), quien, en ese entonces, era el presidente de Gucci, empresa que había sido fundada por su abuelo décadas antes. La casa de Gucci contaba con mucha popularidad para la época, pero también, debido a la inexperiencia de Maurizio como hombre de negocios, nunca estuvo libres de problemas económicos. Mucho más que centrarse en su figura principal o en la historia de la empresa, “House of Gucci” gira en torno al personaje de Patrizia Reggiani, interpretado por Lady Gaga.

Es increíble que, siendo sólo su segundo rol protagónico en una película, la cantante pueda destacar tanto dentro de un elenco bastante consolidado. La química entre ella y Adam Driver es tan creíble que la primera parte, toda aquella inocente historia de amor que comenzó en una simple fiesta, es muy convincente y consigue capturar nuestra atención por completo. Patrizia y Maurizio se conocen en una fiesta; ella es arriesgada y él es muy tímido, por lo que la joven toma las riendas del asunto y consigue convertir a Maurizio en su novio y luego en su marido.

El padre de Maurizio, Rodolfo (Jeremy Irons), no ve con buenos ojos la relación de su hijo y no teme en tratar a Patrizia de cazafortunas y de, incluso, desheredar a Maurizio; es surreal y divertido ver al futuro presidente de la casa Gucci lavando los camiones de la empresa de su suegro. En aquellos momentos de exilio, aparece el tío Aldo (Al Pacino), quien toma a la pareja bajo su ala y forman una próspera relación creativa, pero la cual trae consigo la presencia de Paolo (Jared Leto), hijo de Aldo. Paolo es un excéntrico personaje que añora diseñar para la marca familiar, pero Patrizia verá en él otra piedra en su zapato.

La ambición de Patrizia pronto aburre a Maurizio y, a medida que la historia avanza, la película se vuelve algo tediosa también; dos horas y media de duración es un tiempo bastante exagerado para contar una historia que no demora siglos en suceder. Quizás la mayor culpa la tienen la frialdad de algunas de las actuaciones y la ridiculez que es la interpretación de Jared Leto. No podría criticar las habilidades de Al Pacino o de Jeremy Irons, por ejemplo, pero sí debemos cuestionar la decisión de usar esos acentos que en nada aportan y que sólo provocan más risas e incomodidad que encanto.

Jared Leto es quien más destaca en cuanto a exageración, ya que su personaje parece una pobre imitación de una pobre imitación que pudo haber aparecido en un programa como “Saturday Night Live”; la escena del diálogo en italiano casi al final de “Inglourious Basterds” es una mejor representación del idioma que la que hizo Jared Leto. Su actuación se basa mucho más en maquillaje prostético y en clichés que en calidad de interpretación, pero, a estas alturas, ¿quién confía en el supuesto talento de Jared Leto?

“House of Gucci” termina siendo otra biopic más del montón, una que al menos siempre recordaré por su impecable soundtrack y por la inolvidable presencia en escena de Lady Gaga.

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Charlie Barber (Adam Driver) es un director de teatro que trabaja en Nueva York; Nicole Barber (Scarlett Johannson) es una actriz que encontró la fama en California. Cuando ambos se conocen, se enamoran perdidamente, contraen matrimonio, deciden tener a su hijo, Henry (Azhy Robertson) y desarrollan su vida familiar alrededor del teatro en Nueva York, dentro de Exit Ghost, compañía fundada por Charlie. La felicidad que parecía impenetrable se acaba cuando Nicole y Charlie deciden separarse, tras notar sus varias diferencias; tienen que enfrentar dolorosas discusiones, lidiar con ambiciosos abogados y fríos jueces con tal de llegar un acuerdo por el bien de su pequeño hijo.

"Marriage Story" es una historia escrita y dirigida por Noah Baumbach, quien se basó en su propia experiencia con el divorcio luego de separarse de la actriz Jennifer Jason Leigh; sin embargo, el director no es ajeno a tratar el tema de los quiebres familiares, ya que lo había hecho antes en "The Squid and the Whale". Retratar un tema tan personal es bastante arriesgado, pero cuando se hace bien, la historia, de inmediato, se siente mucho más cercana y real, lo cual es el caso con "Marriage Story". 

Las actuaciones principales, a cargo de Adam Driver y de Scarlett Johannson, están a la altura de sus personajes tan complejos e interesantes y, así como se necesita química para hacernos creer en que dos personas se aman, también se necesita de química para hacernos creer que ambos también se odian y que son capaces de gritarse aquellas ofensas tan controversiales que exclaman. La participación de Laura Dern como la abogada Nora Fanshaw también es muy destacable, participación que recalca el excelente momento por el que su carrera está pasando.

A pesar de que "Marriage Story" recuerda mucho a "Kramer vs. Kramer", la película puede resaltar por sí misma y también es una relato tan triste como esperanzador.
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Durante los años ’70, el racismo en Estados Unidos estaba tan presente en el país como hoy en día; el movimiento por la lucha de los derechos civiles de los afroamericanos vivía algunos de sus más grandes momentos y la policía seguía los pasos de varios de sus principales exponentes. Ron Stallworth (John David Washington), un idealista joven negro, se enlista en el departamento de policía de Colorado, en donde experimenta subestimación y racismo por parte de varios de sus compañeros.

Ron aspira a más y pide participar como agente encubierto de una misión a cargo de Flip Zimmerman (Adam Driver), quien investiga a Kwame Ture (Corey Hawkins), un líder de la lucha por los derechos civiles; de esta manera, Ron se acerca más a Patrice Dumas (Laura Harrier), una dirigente estudiantil que también está comprometida con la causa. Al mismo tiempo, Ron llama a una de las oficinas del Ku Klux Klan y, haciéndose pasar por un hombre blanco, comienza a conseguir la simpatía de los líderes racistas.

La historia de “BlacKkKlansman” está basada en una historia real, la cual fue impregnada en el libro “Black Klansman”, escrita por el mismísimo Ron Stallworth, policía que se enfrentó a las fuerzas del Ku Klux Klan, una hazaña digna de admiración. Spike Lee decidió llevar su historia a la pantalla grande, dentro de lo que es una película cruda y real, una película que funciona como retrato de la verdad y como contradicción a aquella creencia de que el racismo ya no es tan fuerte como antes. Mezclando imágenes actuales con recuerdos de aquella infame película llamada “The Birth of a Nation”, Spike Lee nos recuerda la tristeza de los linchamientos, la injusticia del sistema en contra de las vidas afroamericanas y la desesperanza frente a nuestro propio contexto.

Además de aquel poderoso mensaje, “BlacKkKlansman” resalta por ser una increíble película policial y social, por aprovechar una plataforma y dejar como payasos a los racistas, y por recordarnos que hay más en la historia afroamericana que un relato de supuesta amistad entre un músico y su chofer que luego será galardonada con un vacío premio Oscar.
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¡Hola! Un nuevo año más para este blog y para continuar viendo películas; espero que tengan un excelente 2018, uno mejor que “The Last Jedi”. No, broma; no quiero comenzar el año siendo tan mala onda con esta nueva entrega de Star Wars. La verdad es que, luego de “The Force Awakens”, no esperaba mucho de las entregas posteriores, por lo que el secreto es siempre bajar las expectativas; debido a eso, quizás, me pareció que “The Last Jedi” es mucho mejor que su antecesora, cuenta con mejores actuaciones y no presenta una octava Estrella de la Muerte que atacar.

En esta nueva entrega, dirigida por Rian Johnson, los personajes principales continúan sus aventuras por separado. Rey (Daisy Ridley) intenta convencer a Luke Skywalker (Mark Hamill) de unirse a la Resistencia, pero él es ahora la sombra de lo que era: se ha convertido en un hombre solitario y amargado, quien cree que la orden de los Jedi debería acabar, por lo que no piensa en entrenar a Rey tampoco. Poe Dameron (Oscar Isaac) viaja junto a la General Leia (Carrie Fisher), pero deben cuidarse de los acercamientos de la Primera Orden, mientras que Finn (John Boyega) debe viajar hasta una ciudad casino para recuperar un dispositivo de rastreo; quien lo acompaña es Rose Tico (Kelly Marie Tran), una joven que cree completamente en la Resistencia.

“The Last Jedi” tiene varios méritos a su ver. Además de ser algo más oscura y menos nostálgica, también tiene mejores secuencias de acción, como aquella batalla final entre lightsabers o la batalla en Crait, un planeta compuesto de sal roja; también destacan aquella escena de Leia, en donde podemos apreciarla utilizando la Fuerza, o aquel silencioso choque entre dos naves. Pero, así como tiene distintos detalles positivos, “The Last Jedi” también falla en otras cosas; es una lástima que todavía no sepan aprovechar al personaje de Finn, cuya aventura puede ser fácilmente sacada de la película y no afectaría en nada a la trama. Mientras Adam Driver mejora mucho su interpretación de Kylo Ren, la de Domhnall Gleeson cae en la caricaturización hasta el nivel del aburrimiento; también puede aburrir la duración de la película, ya que presenta dos finales, cuando con uno pudo haber sido suficiente.

El final, sin embargo, propone una idea muy interesante, idea que espero se profundice más en la próxima entrega de esta saga; espero también que se mantenga este nivel o se mejore un poco, pero, como escribí arriba, el secreto es bajar las expectativas.
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Hace dos meses, vi la saga completa de Star Wars sólo para poder ver el Episodio VII sin dudas pendientes y estar al día, por fin, con una de mis deudas más grandes en cuanto al cine y a la cultura pop. Entendí las bromas, las referencias y me convertí en otra fanática más, por lo que, cuando llegó el gran día, estaba bastante emocionada. Una de las cosas que más esperaba de todo esto, además de la continuación de la historia, era la experiencia colectiva de ver Star Wars en el cine; emocionarse con la música de la intro o con las menciones a las películas anteriores, todas esas cosas de las que nunca supe.

Ha pasado mucho tiempo desde que se derrotó al Imperio, pero la hierba mala nunca muere: ha nacido una Primera Orden, cuyos principales exponentes son Kylo Ren (Adam Driver), el General Hux (Domhnall Gleeson) y la Capitana Phasma (Gwendoline Christie), quienes siguen las órdenes del Líder Supremo Snoke (Andy Serkis). El objetivo de la Primera Orden es encontrar a Luke Skywalker (Mark Hamill), quien desapareció hace ya bastante tiempo. Nadie sabe su paradero exacto, excepto la Resistencia. La General Leia Organa (Carrie Fisher) ha sido contactada por un viejo aliado y ella manda a su mejor piloto, Poe Dameron (Oscar Isaac), a resguardar la información sobre Luke. 

La Primera Orden se entera acerca de este plan y arrestan a Poe; al parecer, el piloto vio el Episodio IV, por lo que esconde la información dentro de un pequeño droide llamado BB-8. Este consigue escapar y se encuentra con Rey (Daisy Ridley), una recolectora de chatarra que lleva años esperando a que su familia regrese por ella. Ambos también conocen a Finn (John Boyega), un Stormtrooper rehabilitado que ayudó a Poe a escapar. Los tres deben escapar de la Primera Orden y viajar hasta la Resistencia, pero el camino los sorprende al estar tan desprevenidos como acompañados.

Como introducción a una nueva trilogía, “The Force Awakens”, es mucho mejor que otras películas que se llaman de “The Phantom Menace”, pero que no quiero mencionar. Mientras que aquella entrega estaba llena de política y exenta de acción, “The Force Awakens” representa todo lo contrario. También es una película que está llena de nostalgia y es tierno notar que personajes como Rey y Finn también conocen la historia y reaccionan de la misma manera que cualquier fanático lo haría.

Pero la nostalgia no basta y claro que hay que apoyarse en una buena trama. Es interesante que el lado oscuro quiera volver a renacer en las manos de Kylo Ren, antes conocido como Ben Solo, hijo de Han y Leia; siempre es más complicado y triste cuando la familia está involucrada. Kylo había sido entrenado por su tío Luke, pero existía mucho de la personalidad de Anakin dentro de él, tanto que le habla a la máscara de su abuelo para que le diera fuerza. Kylo es tan malvado como débil, ya que en varios momentos lo vemos dudar y fallar. El resto de los protagonistas también lo hace bastante bien y la diversidad es muy interesante: una mujer, un afroamericano y un latino; ya era hora de ver un elenco diferente en un proyecto tan grande como Star Wars.

Lo único que podría criticar del Episodio VII es que recae mucho en la misma trama del Episodio IV; como escribí arriba, Poe utiliza un androide para guardar información, hay un novato que tiene muchas ganas de participar en los ataques de los Rebeldes y hay que destruir a un arma muy parecido a la Estrella de la Muerte; creo que se podría haber hecho algo más innovador por ahí. Sólo queda esperar a que el Episodio VIII responda varias de las interrogantes que este episodio nos dejó.
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Luego de Judd Altman (Jason Bateman) descubra a su esposa engañándola con su mismísimo jefe, todo su mundo se viene abajo; pensaba que su matrimonio era estable y hasta tenía planes de tener hijos, pero la vida le jugó una mala pasada. Como si eso no fuera poco, una llamada de su hermana Wendy (Tina Fey) le informa que su padre ha fallecido.

Judd debe volver hasta su ciudad natal, en donde su madre Hilary (Jane Fonda), ha organizado una ceremonia llamada shiva, en la cual, después del funeral, los parientes más cercanos deben permanecer sentados, a modo de recuerdo y aceptación, durante siete días. Judd, entonces, se reencuentra con su hermano mayor, Paul (Corey Stoll), quien se ha hecho cargo del negocio familiar, y con su hermano menor, Phillip (Adam Driver), quien es un completo desastre y aparece con su nueva novia, Tracy (Connie Britton), una mujer mucho mayor que él.

Tiendo a caer muy fácilmente con películas como “This is Where I Leave You”, ya que no existe mejor manera de sobrellevar ciertos momentos difíciles y ciertos momentos incómodos que con un poco de humor. Las actuaciones también son muy buenas y, aunque el elenco esté compuesto de muchos actores ya conocidos, todos consiguen sobresalir a su manera. Me gustaría saber mucho más sobre la historia entre Wendy y Horry (Timothy Olyphant), pero siempre estará el libro, escrito por Jonathan Tropper, encargado también de este guión.

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Si yo tuviese un amigo como Daniel Radcliffe, con la personalidad de Wallace, lo más probable es que fuésemos más que amigos. No es lo mismo que piensa Chantry (Zoe Kazan), ya que ella está muy enamorada de su novio, cree en la fidelidad y no tiene ojos para nadie más. 

Wallace y Chantry se conocen durante una fiesta a cargo del primo de ella, Allan (Adam Driver). De inmediato, sienten una conexión especial: pueden hablar sobre cualquier tema y bromear con confianza, con tanta confianza que Wallace le pide a Chantry su número, pero ella le dice que tiene novio. Como Wallace es un tipo maduro y no de aquellos que lloran por estar en una friendzone (qué palabra más detestable), continúa su amistad con Chantry sin esperanza de que pase algo entre los dos, porque, además, él no cree en el amor. 

Luego de un tiempo, el novio de Chantry, Ben (Rafe Spall) debe viajar a Dublín y quedarse en esa ciudad durante seis meses, debido a su trabajo. El panorama de Wallace no cambia para nada, Chantry extraña mucho a Ben y los amigos de ambos insisten en que pasará algo entre Wallace y Chantry, porque los amigos son muy mala influencia, sobre todo uno como Allan; Wallace y Chantry insisten en que no pasará nada. Todo lo que es mentirse a sí mismos. 

"What If?" es pura ternura. La temática, si bien es una repetida, no está tomada de una manera inmadura, sino que la desarrollaron desde un lado más divertido; hay varios diálogos interesantes y la química entre Daniel Radcliffe y Zoe Kazan es adorable. Otra comedia romántica bastante disfrutable.
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"Inside Llewyn Davis" es la historia de una cantante de folk que vive una semana algo agitada durante principios de los años ’60. Dirigida por los hermanos Ethan y Joel Coen, la película nos muestra varios personajes interesantes, pero, por sobre todo, mucha música de la buena.

Primero, tenemos al señor Llewyn Davis (Oscar Isaac). Llewyn es un músico que se las arregla como puede para vivir el día a día. No tiene ni un peso, duerme cada noche en el sillón de algún amigo distinto y, lo más fome, es que a su álbum, “Inside Llewyn Davis”, no le está yendo muy bien con las ventas. Su mánager le asegura que le envió una copia al empresario musical Bud Grossman con tal de exponer más el disco y que sólo hay que esperar su respuesta.

Mientras espera, Llewyn también toca ocasionalmente en un club llamado "The Gaslight Café". Acá conocemos a dos personas que marcan, de cierta forma, la semana de Llewyn. Primero está Jean (Carey Mulligan), una cantante y esposa de otro músico, que le cuenta a Llewyn que está embarazada de él. Y luego está Jim (Justin Timberlake), el marido de Jean, quien es súper buena onda e, incluso, invita a Llewyn a una grabación toda profesional con Al Cody (Adam Driver). Pero la semana de Llewyn no mejora y decide ir hasta Chicago para reunirse con Bud Grossman y ver qué onda su carrera como cantante de folk.

El viaje de Llewyn resulta ser otra complicación más, porque la vida de este tipo parece estar marcada por la desgracia; siempre está en el lugar equivocado, en el momento equivocado. Todo el peso de la película, entonces, recae sobre Oscar Isaac y es un alivio darse cuenta que lo hace excelente, ya sea cantando o mostrándonos las desgracias de Llewyn. También hay mucho peso sobre sus hombros, porque la mayoría de los personajes sólo van pasando por su vida, como lo es Al Cody o como los tipos con los que viaja a Chicago, Roland Turner (John Goodman) y Johnny Five (Garrett Hedlund). Lo marcan de cierta forma, pero sólo van pasando.

Otra de las cosas buenas sobre "Inside Llewyn Davis" es la trama del gato y la del dúo; pucha, Llewyn, ¿cómo puedes tener tan mala suerte? Y no me quiero olvidar de la música, porque hay canciones hermosas como “A Hundred Miles”, “The Death of Queen Jane” y “If I Had Wings”. Graciosa a ratos, emotiva en otros, "Inside Llewyn Davis" los dejará con ganas de tomar una guitarra y ponerse a cantar en algún bar oscuro de su ciudad. Ojalá les vaya mejor que a Llewyn.

*Escrito por mí y, con mucho cariño, para Walabi.cl
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Frances Halladay (Greta Gerwig) es una joven de 27 años que sueña con ser una bailarina profesional y mundialmente famosa. Frances vive con su mejor amiga, Sophie (Mickey Sumner), a quien conoce desde la época de la universidad. Cada una tiene su respectivo novio, pero pasan tanto tiempo juntas que todos les dicen que la verdadera pareja parecen ellas. El novio de Frances, Dan (Michael Esper), le pide que vivan juntos, pero ella rechaza la idea, porque vivir con Sophie es más importante. Sophie luego le cuenta a Frances que tiene la oportunidad de mudarse a un mejor departamento.

Frances debe mudarse a otro departamento también y comienza a vivir con Lev Shapiro (Adam Driver) y Benji (Michael Zegen), un escultor y un escritor, respectivamente, quienes se las arreglan para vivir en Nueva York. Frances continúa practicando danza moderna, con el propósito de asegurar un lugar en la presentación de Navidad que la compañía donde pertenece realizará, pero su vida comienza a dar muchas vueltas, las que incluyen otros cambios de departamento, roces con Sophie e, incluso, un viaje a París.

"Frances Ha" pasará a mi lista de nuevas películas favoritas. La cinematografía en blanco y negro es preciosa y le da un toque muy nostálgico, sobre todo a cada rincón de Nueva York que nos muestran. El personaje de Frances es una protagonista ideal: es divertida, es alegre, es tierna y, como varios de nosotros millenials, sólo está tratando de vivir sus veinteañeros años lo mejor que puede; es un gran reflejo de la generación endeudada y perdida de la que somos parte. Es imposible no enamorarse de ella y de sus aventuras, sobre todo aquella que va al ritmo de  “Modern Love”.
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Hola

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Catalina.
Basada en hechos reales.

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