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We'll always have Paris

 


Siendo sincera, siempre confundí el título de I’m Thinking of Ending Things con el de la película anterior, Sometimes I Think About Dying; ambos podrían referirse hasta sobre el mismo tema si no sabemos el trasfondo de cada película, pero, a pesar de la similitud, las dos son muy diferentes entre sí. Mientras Sometimes I Think About Dying se trata de la soledad de la protagonista, I’m Thinking of Ending Things es más bien un análisis surrealista sobre problemas de pareja.

La película gira en torno a una joven (Jessie Buckley) que decide viajar a conocer a los padres de su novio, Jake (Jesse Plemons), a pesar de que está pensando en terminar su relación con él. Durante el viaje, escuchamos el monólogo interno de la protagonista: a pesar de que siempre es interrumpido por Jake, de todas maneras, podemos observar la dinámica de la pareja; no se trata de una relación tóxica ni de una complicada, se trata solo de que la protagonista se siente completamente aburrida e insatisfecha con la presencia de Jake.

Una vez que los protagonistas llegan a la casa de los padres de Jake, las cosas se van poniendo bastante intensas e incómodas y la realidad se va mezclando con la fantasía, muy al estilo de su director, Charlie Kaufman. La trama principal se va mezclando con escenas sobre un conserje, con personajes envejeciendo cada vez más, con cambios de nombre de Lucy a Louisa y también con cambios a la historia de cómo los protagonistas se conocieron. Entiendo que este elemento sea la técnica de Kaufman, pero su estilo no es para mí.

El año pasado, vi Synecdoche, New York y, a pesar de que todo partió bien, desde la mitad de la película en adelante mi interés murió y terminar la cinta se convirtió en un trámite; solo las actuaciones te pueden ayudar a alivianar la carga, pero una película no puede sobrevivir solamente gracias a ese recurso. Lo mismo pasó ahora con I’m Thinking of Ending Things: comienza muy bien, luego todo se convierte en una confusión muy aburrida y las actuaciones la mantienen a penas a flote.
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La filmografía de Christopher Nolan siempre se encuentra en un estado de in crescendo; ojalá pudiera decir que mientras sus películas van creciendo en cuanto a trama y desarrollo, también van mejorando en cuanto a calidad, pero la repetición de ciertas ideas, la inhabilidad de crear personajes femeninos interesantes e independientes de los personajes masculinos, además de aquella irritable pseudo intelectualidad que rodea tanto a la explicación de sus películas como la de sus fanáticos más fieles, han conseguido que el cine de Nolan cada vez me parezca menos intrigante.

“Tenet”, su última entrega, es de aquellas películas que, si no entendiste o no seguiste el ritmo a la primera, por supuesto que no sabes nada de cine. Utilizando una vez más el concepto del tiempo, Nolan crea una historia sobre cómo el futuro afecta el pasado; el Protagonista (John David Washington), un protagonista sin nombre, parte de la CIA, quien se une a un programa especial llamado TENET. El objetivo de su misión es atrapar a un traficante de armas que fabrica balas con una particular cualidad: van al sentido contrario del tiempo normal.

Con la ayuda de Neil (Robert Pattinson), el Protagonista da con el paradero de un criminal ruso, llamado Andrei Sator (Kenneth Branagh). Para tratar de atraparlo, el Protagonista se acerca a la esposa de Andrei, Kat Barton (Elizabeth Debicki), una tasadora de arte que vive bajo el constante chantaje de su marido, sus reacciones violentas y la amenaza de no volver a ver al hijo que tienen en común. Fingiendo estar interesado en cierto cuadro, el Protagonista consigue dar con el paradero de Andrei y comenzar una intensa persecución que parece ir hacia adelante y hacia atrás.

Es en estos momentos de la trama que la historia comienza a ser cada vez más confusa y menos interesante; además de muchos cambios en muy poco tiempo, las continuas explicaciones de cada uno de los personajes que participan en la persecución se vuelven repetitivas y parecen no tener mayor información de fondo. De por sí, es bastante molesto que un personaje explique la trama en lugar de que la trama se explique por sí sola durante la duración de una película, por lo que en “Tenet” es un recurso bastante insoportable. 

También es bastante insoportable que, tras años de desarrollo de guión, trama y efectos especiales, Christopher Nolan y sus colaboradores todavía no sepan crear al menos un personaje femenino que no esté a merced del protagonista masculino; en el universo de Nolan, las mujeres son sólo esposas fallecidas acechando las mentes de sus maridos, esposas que están peligro a manos de su propio esposo o mujeres que deben guiar al protagonista en cuestión. En lugar de perfeccionar cada detalle de una historia compleja, no estaría mal tomarse un tiempo para perfeccionar ciertos personajes también.

A pesar de todo, no se puede negar que “Tenet” tiene muchos méritos en cuanto a ejecución, escenas de acción y actuaciones; destacan sobre todo aquellas escenas en el aeropuerto o la persecución dentro de una carretera, así como también la participación de Robert Pattinson, quien se luce incluso en un papel secundario, y de Elizabeth Debicki, quien logra darle cierta profundidad a un personaje que no tiene mucho qué hacer, pero estos atributos no son suficientes para combatir la nula emotividad que provoca toda la acción en la que “Tenet” se concentró; mucho enfoque en un solo aspecto de la película y un abandono casi total en otros puntos de vista cuestan.

¿“Tenet” fue una película hecha para mí? No. ¿La seguiré viendo por Robert Pattinson? Sí.

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Mientras estudiaba en NYU, la directora Emma Seligman notó la existencia de una comunidad de sugar babies, participantes de aquella práctica que involucra a una persona mayor, de preferencia millonaria, y a otra más joven que necesita ayuda financiera. Decidió tomar esta situación como inspiración para una historia, la cual expandió agregando experiencias de su propia bisexualidad, y creó “Shiva Baby”.

En “Shiva Baby” la protagonista es Danielle (Rachel Sennott), una estudiante universitaria que todavía no sabe muy bien qué hacer con su vida. Está estudiando una carrera relacionada a los estudios de género o a los negocios, un típico título prometedor que después, lamentablemente, no nos sirve de mucho; la verdad es que ni ella misma ni su familia entienden mucho de qué le pueda servir.

Las cosas podrían ser más fáciles si Danielle no tuviera que explicar sus estudios o sus planes a futuro cada vez que se encuentra en alguna situación social, pero estas son inevitables y Danielle debe presentarse a una ceremonia de shiva junto a sus padres, Debbie (Polly Draper) y Joel (Fred Melamed), en donde los comentarios y preguntas realizados por sus familiares y conocidos son tan recurrentes que Danielle escapa al baño durante cada oportunidad que se le presenta.

Además de esta insoportable situación, Danielle debe lidiar con la presencia de Maya (Molly Gordon), una ex novia a quien toda la comunidad judía adora y quien tiene, al parecer, un mejor futuro laboral que la protagonista; y también con la presencia de Max (Danny Deferrari), su sugar daddy. Max no sólo había sido colega del padre de Danielle años antes, sino que también está casado y acaba de tener una bebé. Para empeorar las cosas, la esposa de Max, Kim Becket (Dianna Agron), también aparece en la incómoda ceremonia de shiva.

Gracias a que la mayoría de las escenas fueron grabadas con cámara en mano, la atmósfera de la película es una claustrofóbica e inquieta experiencia. La ansiedad que experimenta Danielle queda perfectamente retratada en cada escena y el ambiente del hogar parece hacerse cada vez más pequeño, casi como si las paredes o el techo pudieran encogerse. “Shiva Baby” no sólo es un gran ejemplo de la ansiedad en persona, sino que también es un gran reflejo de la incomodidad de ciertas situaciones sociales, en donde secretos pueden salir a la luz o en donde preguntas que llevan a respuestas complicadas nos pueden provocar aquella sensación de encierro tan difícil de olvidar.

Emma Seligman presentó el corto de “Shiva Baby” como tesis final de su carrera en NYU. Espero que le hayan dado la distinción máxima.
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“Emma Woodhouse, bella, inteligente y rica, con una familia acomodada y un buen carácter, parecía reunir en su persona los mejores dones de la existencia; y había vivido cerca de veintiún años sin que casi nada la afligiera o la enojase”.

Las heroínas de Jane Austen siempre han sido presentadas como mujeres apasionadas, románticas, correctas, inteligentes y llenas de carácter; son perfectos ejemplos de personajes feministas adelantados a su época. Entre estos personajes, destacan Elizabeth Bennet, Elinor Dashwood o Catherine Morland, pero quien se distingue por razones distintas siempre será Emma Woodhouse.

Emma (Anya Taylor Joy) es una joven adinerada, inteligente, hermosa y maternal, pero también es algo malcriada, inmadura, impulsiva y desconsiderada; la misma Jane Austen la describió como "una heroína que no sería del gusto de todo el mundo". La primera impresión de Emma no siempre es la mejor, ya que, debido a sus privilegios, también es algo altanera y sólo confía en su propia visión del mundo. Si no se le comprende a fondo, el personaje puede convertirse en uno insoportable; si en las adaptaciones del libro no se le interpreta correctamente, Emma puede transformarse simplemente en una chiquilla metiche y superficial. Por suerte, no es el caso en la versión de 2020, dirigida por Autumn de Wilde.

En esta nueva adaptación, el carisma y el talento de la protagonista, Anya Taylor Joy, resalta por sobre todas las cosas y es capaz de humanizar a un personaje tan complejo e interesante como el de Emma. Su interpretación también le da vida a una historia que pertenece a un género que, varias veces, es de un ritmo algo más pausado, por lo que la película también se siente como una versión fresca y rejuvenecida de la novela.

Continuando con la historia que Jane Austen nos entregó, la película también se centra en las aventuras de Emma y de aquellos a su alrededor. Emma vive en la hermosa mansión de Hartfield junto a su padre, el señor Woodhouse (Bill Nighy), un hipocondríaco, pero adorable personaje. Debido a que Emma ya había colaborado en establecer la unión entre su institutriz, la señorita Taylor (Gemma Whelan), con el señor Weston (Rupert Graves), la joven cree que también puede conseguir un buen marido para su amiga Harriet Smith (Mia Goth).

Por mucho que Emma piense que está haciendo el bien, porque ella conoce mucho más el mundo que la ingenua y tierna Harriet, sus intentos son un desastre. Completamente ciega frente a la idea de que sus acciones podrían perjudicar a los demás en lugar de ayudarles, Emma sólo es increpada por el señor Knightley (Johnny Flynn); la joven también se ocupa tanto de arreglarle la vida a sus cercanos que ni siquiera tiene una mínima idea acerca de sus propios sentimientos hacia Knightley. Hay una razón por la cual una de las adaptaciones de “Emma” se llama, precisamente, “Clueless”.

Al igual que Cher Horowitz, Emma Woodhouse aprende de sus errores. La joven tiene la capacidad de pedir perdón y asume que cometió varias equivocaciones, una cualidad que la convierte en el personaje complejo que es y la eleva al rango de heroína, una tan atractiva y digna de admiración como el resto de las protagonistas de Jane Austen.

No es sólo su estética y guión lo que convierten a esta película en una de las mejores adaptaciones de “Emma”, sino que también se lo debe a la experiencia de Autumn de Wilde como fotógrafa, detalle que convierte a cada escena en una maravilla visual. El carisma de los personajes secundarios tampoco se queda atrás; cada uno está muy bien desarrollado y perfectamente interpretado. Además, ese desplante de humor durante momentos serios o incómodos siempre será encantador; de hecho, todo lo que tenga relación con “Emma” siempre será encantador.

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Cuando se trata de películas que juegan con el concepto del tiempo en forma de loop infinito, es imposible no recordar a “Groundhog Day”, aquella historia en donde Bill Murray sufría la tortura de repetir el día de la Marmota una y otra y otra vez. El personaje de Phil estaba condenado a vivir la misma rutina sin que el resto de las personas alrededor siquiera notara que algo extraño estaba pasando, pero, ¿qué podría pasar si más de una persona estuviera también condenada a algún loop infinito? 

“Palm Springs”, precisamente, cuenta la historia de dos desconocidos que terminan enredados en una misma realidad alternativa durante una boda celebrada en un resorte cerca del desierto. Por un lado, tenemos a Nyles (Andy Samberg), quien es el primero en darnos pistas sobre el lugar en el que se encuentra; Nyles ya está bastante resignado a repetir siempre el mismo día, el nueve de noviembre, por lo que se comporta de manera idiota e irresponsable, sin pensar en las consecuencias de las pequeñas ridiculeces que hace, porque, claro, no habrá consecuencia alguna al día siguiente.

Por otro lado, tenemos a Sarah (Cristin Milioti), la hermana mayor de la novia y una especie de oveja negra dentro del retrato familiar perfecto. Sarah termina en el loop tras seguir a Nyles hasta una cueva, en donde unas luces los llevan de regreso al comienzo del día recién vivido. En un principio, Sarah reacciona como todos reaccionaríamos frente a esta situación y sólo quiere escapar de allí. Intento tras intento, incluyendo suicidios sin mayor resultado, Sarah entiende que no es tan simple volver a la realidad y, resignada, comienza a disfrutar de las infinitas posibilidades que el nueve de noviembre le ofrece.

Junto a Nyles, Sarah disfruta, sin ataduras, el resorte de Palm Springs: pasan horas en la piscina, beben toda la cerveza que quieran, estrenan una rutina de baile y celebran el cumpleaños número un millón de Nyles. Pese a toda la diversión que vivir sin consecuencias puede traer, Sarah no puede ignorar las malas decisiones que continúa tomando y, tras una pelea con Nyles, la joven decide seguir intentando volver a la realidad mientras que él sigue pensando que es mejor quedarse en el loop para siempre.

Este es el mayor conflicto entre los ambos personajes. Mientras Sarah intenta hacer algo nuevo y enmendar su último gran error, Nyles cree que volver a la realidad no tiene sentido. Este estancamiento en el tiempo tiene mucha similitud con los sentimientos que hemos experimentando desde que empezó la cuarentena: algunas personas están desesperadas esperando el término del encierro, mientras que otros estamos más cómodos dentro de una rutina que podemos controlar, de cierta manera. Existen distintas realidades, por supuesto, pero los sentimientos son parecidos. 

La diferencia es que al menos Sarah podía hacer salgo para terminar con su rutina infinita; salir dependía de ella, en cambio nuestro loop infinito está muy lejos de depender de nosotros.

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Durante la reciente ceremonia de los premios Oscars, “Druk” ganó el premio como Mejor Película Extranjera.; generalmente, me tomo un tiempo antes de ver las películas que destacaron en aquella categoría, pero apenas unos días luego del triunfo de “Druk”, Hollywood ya anunciaba que planeaba hacer un remake. No fue el hecho de que, posiblemente, Leonardo DiCaprio protagonice la nueva versión lo que llamó mi atención, si no que, tras cada año que pasa luego del discurso de Bong Joon-ho, se hace demasiado notorio que los estadounidenses no saben leer subtítulos.

Pasó ya en 2015, luego del éxito de “El Secreto de sus Ojos”, que a Hollywood se le ocurrió hacer “Secret in Their Eyes”, un remake que arruinó aquella hermosa temática sobre la pasión y el amor que superan años y años por tratar de reemplazarlo con una historia que incluso algo tenía que ver con el terrorismo del 9/11. Un desastre. Desde ese entonces, decidí optar siempre por el producto original.

“Druk” es una película danesa, dirigida y escrita por Thomas Vinterberg, la cual cuenta la historia de un grupo de profesores decididos a experimentar los efectos positivos del alcohol. El grupo debate la teoría del psiquiatra noruego Finn SkÃ¥rderud, la cual establece que tener un 0.05 % de alcohol en el cuerpo, nos convierte en seres más relajados y creativos. Al centro de este grupo, tenemos a Martin (Mads Mikkelsen), un profesor de historia que está completamente insatisfecho con su vida, algo que le trae problemas tanto en su trabajo como en su hogar. Martin es el primero en motivarse a comprobar la teoría de SkÃ¥rderud y, luego de experimentar los primeros resultados favorables, sus amigos también deciden experimentar y tratan la idea como un trabajo de investigación.

Martin, Tommy (Thomas Bo Larsen), Peter (Lars Ranthe) y Nikolaj (Magnus Millang) ven entonces cómo la rutina de sus vidas pasa a ser una más alegre y satisfactoria. Todos incluso se convierten en mejores profesores, pero es Martin quien ve mayores resultados: retoma la conexión con sus hijos y la relación con su esposa, mientras que su rendimiento en el trabajo mejora un 100%; es como si fuera otra persona. De hecho, durante una clase, hace un ejercicio muy entretenido de votar a ciegas por tres candidatos: un hipertenso que engaña a su mujer, un depresivo que ya ha perdido tres elecciones y un amante de los animales que trata a las mujeres con respeto. Obviamente, todos nos inclinaríamos por el tercer candidato, pero, para nuestra total sorpresa, estaríamos votando por Adolf Hitler.

Más allá de celebrar el consumo de alcohol o de condenar a quienes disfrutan de él, "Druk" se dedica a mostrarnos cómo sus efectos pueden ayudarnos a retomar el gusto por las cosas simples de la vida. En el caso de Martin, él sólo necesitaba un nuevo enfoque para recordar lo que valía la pena; es como si el alcohol hubiera despertado en él un nuevo sentido y las cosas comenzaran a tener un nuevo color, sabor u olor. Martin se avergonzaba, por ejemplo, de su pasado como bailarín, pero durante las últimas escenas vuelve a lucir los pasos de baile que tan bien recordaba.

A pesar de un trágico desenlace, “Druk” nos recuerda que siempre tendremos algo que celebrar u honrar. A veces tenemos que tocar fondo para recordarlo, pero tocar fondo es necesario; sabe mejor con un traguito, de todas formas.

No estoy promocionando el uso excesivo de alcohol.

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En un hermoso departamento londinense, decorado al mejor estilo francés, vive Anthony (Anthony Hopkins), un hombre de avanzada edad que, lamentablemente, sufre de Alzheimer. Anthony vive bajo el cuidado de su hija Anne (Olivia Colman) y de alguna enfermera de turno que no dura mucho en el hogar, debido al complejo estado mental de Anthony.

Desde un principio, "The Father" juega con nuestra percepción acerca de las cosas que están pasando, acerca de la información que sigue confundiendo a Anthony y acerca de distintos personajes con quienes interactúa. Nos presentan todo de una manera no lineal y utilizando recursos como, por ejemplo, diferentes actores para interpretar a un mismo personaje o como cambios sutiles en diálogos que ya presenciamos, recursos que consiguen hacernos entender una parte de la demencia de Anthony.

A diferencia de otras películas que tratan este tipo de problemas, como “Amour” o “Still Alice”, “The Father” no muestra el comienzo del deterioro mental, sino que entra de lleno en la frustración y desorientación que sufre el personaje principal, provocándonos los mismos sentimientos al tratar de entender la historia. En lugar de experimentar un drama sobre un padre y su hija, pareciera ser que estamos viendo una película de terror, en donde los personajes secundarios ocultan información al protagonista o quieren perjudicarlo y nadie a su alrededor le presta atención. Terror del bueno.

"The Father" es la adaptación de una obra de teatro llamada “La Pére”, escrita por el mismo director de la cinta, Florian Zeller; el guión de la película fue escrito por Christopher Hampton, mismo guionista que estuvo a cargo de la adaptación de “Atonement”, por lo tanto, se sabe de antemano que presenciaremos momentos desgarradores. Las actuaciones de Anthony Hopkins y de Olivia Colman son impresionantes y sólo suman a que la tristeza y la frustración se sienta mucho más real.
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El famoso sueño americano es una fantasía distinta para cada persona. Para Jacob (Steven Yeun), padre de la familia coreana Yi, el sueño americano se trataba de poder construir un gran jardín, plantar distintas semillas y vender sus productos a distintos proveedores. De esa manera, podría darle una mejor vida a su familia.

Los Yi se mudan del interesante estado de California a la rural zona de Arkansas; desde el primer momento en que podemos ver su nuevo hogar, podemos también notar la obvia decepción. Una especie de caravana se transforma en el nuevo hogar de Monica (Han Ye-ri), la madre de la familia, y de los pequeños hijos, Anne (Noel Kate Cho) y David (Alan Kim). En un comienzo, todos tratan de adaptarse de la mejor manera, a pesar de los típicos problemas que aparecen durante un cambio tan drástico de vida y de los problemas que la familia ya traía consigo.

Los problemas de dinero siempre pueden causar roces en una pareja, por lo que Jacob y Monica no son la excepción; él está tan convencido de la prosperidad de su proyecto que no toma en serio las dudas de Monica, quien extraña demasiado la seguridad que le ofrecía la ciudad y teme ante la inestabilidad del campo. Para ella, no se trata sólo de un tema de dinero; también le preocupa la condición que presenta el corazón de David. Los Yi son una familia tan adorable que es imposible no desear que triunfen y que puedan conseguir un buen negocio, pero ante a los temores de Monica, el sueño de Jacob parece ser más una fantasía egoísta que un deseo de mejorar las vidas de sus hijos.

Quienes no lo pasan tan mal son los pequeños, Anne y David. Aunque son testigos de algunas de las discusiones de sus padres y deben encontrar algo con qué entretenerse durante días aburridos, los hermanos tratan de adaptarse incluso a la visita de una abuela con la que nunca han compartido. Tengo una debilidad por los personajes bilingües, por lo que los pequeños hermanos se ganaron mi corazón con la facilidad que tenían para cambiar de un idioma a otro como si nada.

"Minari" es una película muy honesta sobre lo mucho que cuesta conseguir el sueño americano que cada uno de nosotros podría tener; es agotador no tener siempre los medios o el apoyo, pero hacemos lo que podemos y lo que nos han enseñado a hacer: continuar.

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A fines de los años sesenta, Estados Unidos tenía bastantes conflictos con los que lidiar; uno de ellos era el aumento de las constantes protestas en contra de la guerra de Vietnam. Cada vez eran más y más los jóvenes que eran reclutados (según su fecha de nacimiento, qué miedo) y cada vez eran más y más los caídos. El gobierno de la época no encontró mejor solución que detener a ocho protestantes con el propósito de sentenciarlos durante diez años por supuesta conspiración e incitación a la violencia.

Tom Hayden (Eddie Redmayne) y Rennie Davis (Alex Sharp) eran los líderes del grupo Students for a Democratic Society; Abbie Hoffman (Sacha Baron Cohen) y Jerry Rubin (Jeremy Strong) eran los fundadores del Partido Internacional de la Juventud (Yippies); David Dellinger (John Carroll Lynch) era el líder de National Mobilization Committee to End the War in Vietnam; Lee Weiner (Noah Robbins) y John Froines (Daniel Flaherty) eran estudiantes universitarios y activistas antiguerra, mientras que Bobby Seale (Yahya Abdul-Mateen II) era el director nacional del Partido Pantera Negra. Todos ellos fueron los ocho acusados.

Durante un mediático juicio, el cual que duró varias semanas, el grupo tuvo que enfrentarse a muchos testigos, a un jurado volátil y a Julius Hoffman (Frank Langella), un juez bastante incompetente que ni siquiera se molestaba en aprender los nombres de los acusados y que, en su peor momento, cometió ataques racistas en contra de Bobby Seale. Dejaron que el juicio continuara sin su abogado presente y, tras varias de sus fundadas protestas, lo amordazaron y lo encadenaron a una silla. Fue tanta la respuesta negativa frente a este tipo de racismo que el juez no tuvo otra opción que anular el juicio contra Seale y, de esta manera, los acusados se redujeron a siete.

Aaron Sorkin, director y guionista, tenía bastante material con el cual trabajar. Como no es ajeno a este género de películas, la entrega es una historia rápida, tensa y llena de información que se desarrolla en torno al juicio central. Siguiendo más el estilo de "The Social Network" que el de "A Few Good Men", los hechos son presentados como flashbacks a medida que nos muestran el rol de cada personaje y su tipo de activismo. Todos estaban presentes aquel día en Chicago, algunos de ellos se conocían entre sí, todos tenían las mismas convicciones, pero, aun así, hubo enfrentamientos entre ellos. Creo que esa es una las cosas más interesantes de ver: las diferencias dentro del mismo bando; algunos eran más pacíficos, otros preferían presentarse correctamente en el tribunal y otros preferían aprovechar la atención (“this is the Academy Awards of protests”). 

Con todo esto del clima político actual (no sólo en Estados Unidos, sino que, claramente, también aquí en Chile), "The Trial of the Chicago 7" es un retrato perfecto de las acciones que está dispuesto a tomar el gobierno de turno o el poder judicial con tal de callar a quienes los encaran. "The Trial of the Chicago 7" podría ser perfectamente también, en un par de años, The Trial against Police Brutality o The Trial of the Chilean Torniquete. Es triste ver que, tras cincuenta años, las cosas han apenas cambiado.
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Durante un día como cualquier otro, una desconocida toca la puerta de tu casa. Te informa, amablemente, que, debido a una orden judicial, ya no estás apto para cuidar de ti mismo y que debes ser llevado a un asilo, lugar en donde se harán cargo de ti. Además de eso, ya no tendrás acceso ni a tu hogar, ni a tus cosas, ni a tu dinero ni tampoco tendrás voz en cuanto a tus medicamentos o a tu cantidad de visitas. Sólo debes tomar un par de cosas, de inmediato, y subir al auto que te llevará hasta tu nuevo hogar.

Del terror.

Es de aquella manera que funcionaba la estafa disfrazada de buena intención de Marla Grayson (Rosamund Pike). Marla era designada por un juez para actuar como tutora legal de aquellos ancianos que ya no pudiesen valerse por sí mismos, quedando a cargo de todos los aspectos de sus vidas; Marla aprovecha cada cliente para sacar la mayor cantidad de dinero posible. Ella es el cerebro detrás de esta operación, pero sus artimañas no podrían ser posibles si no fuese también por un equipo de personas tan irredimibles como ella: la doctora Karen Amos (Alicia Witt), una geriatra que le da el dato de algún posible cliente, el director de un asilo de ancianos y la novia de Marla, Fran (Eiza González).

Cada cierto tiempo, aparece en alguna serie o en alguna película una persona tan, pero tan despreciable que se convierte en un excelente personaje imposible de dejar pasar. Alex Forrest, Amy Dunne, Cersei Lannister, Annie Wilkes o la enfermera Ratched, por ejemplo, todos personajes incorregibles, pero tan interesantes a su propia manera, que es imposible dejar de mirarlos. Lo mismo sucede con Marla Grayson: es imposible dejar de mirarla. Es tan calculadora, inteligente, fría, manipuladora, mentirosa, una de esas personas con la que esperas jamás cruzarte durante tu vida; además, se viste increíblemente bien, una segunda injusticia.

No hay nada, ni una sola palabra ni una sola acción, que conviertan a Marla en una persona redimible, en alguien por quien podríamos sentir algo de empatía; ni siquiera cuando nos presentan a otro personaje tan peligroso como ella, el mafioso Roman Lunyov (Peter Dinklage), porque ya sabemos, perfectamente, que Marla está al mismo nivel que él. Roman es capaz de acabar con el negocio de Marla en un abrir y cerrar de ojos y no sientes pena ni preocupación por ella, ya que sabemos que Marla no se dejará intimidar tan fácilmente.

Lejos de convertirse en un personaje con un arco de redención o en una especie de ícono feminista, Marla es un personaje que se convierte en una crítica a la negligencia, al abuso y a la realidad de muchos adultos mayores que son presas fáciles de estafadores sin escrúpulos o víctimas del total abandono. Los temas de "I Care a Lot" todavía están algo sensibles luego de ver documentales como "Framing Britney Spears" o "El Agente Topo", pero siempre es importante que se les de una plataforma, ya sea a modo de documental o a modo de thriller mezclado con algo de humor negro.

Marla Grayson es detestable, tan despreciable como su negocio de estafas, pero ella lo sabe, no se avergüenza y nos lo hace saber desde el principio: “There's no such thing as good people”.
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Andaba sola a esa hora. Bebió demasiado. Se expuso al peligro. Lo estaba incitando. Soy un buen tipo. Éramos jóvenes. Si te acuestas con cualquiera, nadie te creerá cuando algo malo pase. No hay suficiente evidencia. Él dijo, ella dijo. Las niñas tienen que ser cuidadosas. Una mujer tiene que darse a respetar. Es tu culpa. Una acusación así puede arruinar la vida de un hombre. Hay que darles el beneficio de la duda. Es la peor pesadilla de un hombre.

¿Puedes adivinar cuál es la peor pesadilla de una mujer?

Siempre será frustrante escuchar aquellas clásicas frases que han transformado a la cultura de la violación en algo, lamentablemente, normalizado, por lo que, cuando aparece una película como “Promising Young Woman”, es inevitable sentir una especie de alivio liberador. Liberador, porque es bueno recordar que no estamos solas y liberador también, porque, personalmente, me encantaría hacer algo más al respecto, algo como lo que hace de Cassie Thomas (Carey Mulligan), protagonista de esta historia. La revancha nunca es buena, bla blá, pero enfrentar y desenmascarar a un sexista es algo de ensueño.

Cassandra Thomas (Carey Mulligan) es una joven de treinta años que, cada semana va a un club distinto, finge estar excesivamente borracha y espera a que algún buen chico la ayude y la lleve hasta su hogar. Cuando este buen chico está a punto de aprovecharse de ella, Cassie los espanta con la verdad y le recalca que se está aprovechando de una mujer y que su acto de buena persona no es más que una violación. El experimento de Cassandra tiene un trasfondo: la tragedia de su mejor amiga, Nina, una herida todavía abierta y que se agudiza todavía más luego de que la joven decida reencontrarse con varios de los involucrados en aquel incidente. Cassie nota lo increíblemente injusto que es que las vidas de personas que causaron tanto daño sean vidas exitosas y normales, por lo que la joven se encargará de que nadie vuelva a olvidar a su mejor amiga.

No siempre preferiré ver películas con cierta temática que gire alrededor de la cultura de la violación, pero cuando hubo mujeres detrás de cámara, aquella opinión puede variar; "Promising Young Woman" ofrece un discurso distinto, maduro y sensible al mismo tiempo. Contado con una vibra que recuerda a un thriller de venganza y decorada con una estética llena de colores pasteles y de luces de neón, la película también pasa por momentos en donde coquetea con la comedia romántica y con el humor negro. Aquella enigmática combinación se debe al talento de su directora y guionista, Emerald Fennell; entre sus créditos se encuentra la serie "Killing Eve", por lo que, además de una buena historia, también nos entrega una interesante protagonista, tan dulce y tierna como lo es fría y calculadora. Fennell trata el tema del abuso con mucha sensatez y, en lugar de provocar miedo con una posible escena de violación que nunca será bienvenida, la directora decide provocar incomodidad al retratar la negligencia y la indiferencia con la que estas acusaciones son tratadas; un fiel retrato de la sociedad siempre será más angustioso de presenciar.

Si "Promising Young Woman" consigue incomodar a más de alguno, ya sea debido a este retrato o debido a la actitud de la protagonista, creo que la película habrá cumplido con su objetivo.

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“Escuché esta historia sobre un pez. Él se topa con un pez viejo y le dice: ‘Amigo, estoy buscando esa cosa a la que le dicen océano’. ‘¿El océano?’, le dice el otro pez, ‘es donde estás ahora’. ‘¿Esto?’, le dice el pez joven. ‘Esto es agua. Lo que yo quiero es el océano’.”

Para una persona que no ha cumplido ninguno de los propósitos que esperaba cumplir durante su vida, la presión de la sociedad es bastante fuerte. Es una presión algo indirecta, pero, de todas formas, está presente en las expectativas que creemos que los demás nos imponen, también está en las películas o en las series que vemos y, claramente, también está en ese positivismo tóxico que anda dando vueltas. “Todos tenemos un propósito”, “cuando por fin cumplimos nuestros propósitos, realmente somos felices”, “sólo alcanzando nuestros propósitos, veremos…”. Es agotador. Por esa razón, cuando una película como “Soul” aparece, el alivio es instantáneo.

“Soul” cuenta la historia de Joe Gardner (Jamie Foxx), un profesor de música que vive en Nueva York y que ama el jazz con toda su alma (guiño guiño). Joe se siente algo frustrado con la vida, ya que nunca ha tenido la gran oportunidad de tocar en alguna banda y de poder vivir de la música, por lo que continúa con una rutina apática y normalizada. Cierto día, la oportunidad llega: convertirse en el pianista de la legendaria Dorothea Williams (Angela Bassett), pero antes de que su sueño se haga realidad, Joe muere repentinamente tras un accidente y su alma debe partir al Gran Más Allá. Joe se niega; no puede morir, mucho menos ahora que por fin consiguió la oportunidad que siempre quiso. 

El músico decide regresar a la Tierra, pero durante su aventura debe acompañar a 22 (Tina Fey), un alma que lleva siglos y siglos tratando de evitar asumir una vida. A pesar de sus diferencias, Joe y 22 se ayudan el uno al otro y aprenden aquellas hermosas lecciones que Pixar sabe enseñar muy bien y que la sociedad debería aprender también. No es necesario tener un propósito en la vida; no nacimos con un solo objetivo y Joe lo aprende una vez que por fin toca con la banda de Dorothea Williams. Cumple su sueño, el concierto es perfecto, obtiene el reconocimiento que siempre esperó y… ¿ahora qué? Ya cumpliste tu sueño, ¿qué vas a hacer ahora con tu vida? Buscamos cumplir meta tras meta tras meta que se nos olvida lo principal: disfrutar el camino. 

Quizás algún día pueda estudiar Periodismo o conseguir una de las becas a las que he postulado o viajar a París o ser jurado en el Festival de Cannes, pero, por el momento, hay que concentrarse en los pequeños detalles, detalles como los que aparecen en aquel montaje de varios recuerdos que Joe atesora. Maldito Pixar, no pasa un año sin que no nos haga llorar.
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No podíamos tener nada bueno este año, ¿cierto? 

En general, las películas de superhéroes siempre me dejan con una sensación muy decepcionante, pero cuando vi la primera entrega de "Wonder Woman" en 2017, la sensación fue distinta: una historia entretenida, llena de girl power y una esperanza de que, quizás, próximas películas de este género podrían seguir el ejemplo que la película estaba asentando.

Cuando anunciaron la secuela, por supuesto que se sentía emoción; tendríamos a Pedro Pascal como el villano principal y la historia se centraría en la década de los ochenta. Además, ese tráiler con aquella versión de Blue Monday era hermoso, ¿cierto? Durante 1984, sesenta y seis años después de vencer a Ares, Diana Prince (Gal Gadot) trabaja como antropóloga en el Instituto Smithsonian; allí conoce a Barbara Minerva (Kristen Wiig), una gemóloga insegura y tímida que la idolatra. Cierto día, el FBI le pide a Barbara identificar el origen de varios objetos robados; entre ellos, se encuentra una misteriosa piedra de cuarzo. Ni Barbara ni Diana lo notan, pero el cuarzo es una piedra muy poderosa capaz de cumplir cualquier tipo de deseo, motivo por el cual Maxwell Lord (Pedro Pascal), una especie de personalidad de infomerciales, la necesita con desesperación. Su negocio tipo estafa piramidal se fue a la ruina y Max utilizará el cuarzo para conseguir dinero y fama. El poder de la piedra también afecta a Barbara y a Diana; Barbara comienza a sentirse tan segura y poderosa como su ídola, mientras que la princesa se distrae con la presencia de Steve Trevor (Chris Pine), quien ha vuelto a la vida.

Hasta ese momento en la trama, todo parecía ir bien. Luego de más de una hora de película, cuando se nota que las cosas se están volviendo tediosas, aparecen fuegos artificiales, un viaje a Cairo, misiles, escenas de peleas que no eran para nada dignas de todo aquel inmenso presupuesto, una armadura dorada que publicitaron demasiado y que se luce menos que la mismísima Gal Gadot, además de una Kristen Wiig salida directamente de "Cats", decepción tras decepción dentro de una película innecesariamente larga y aburridísima. 

Para contener en su título un año de una década que los estadounidenses no parecen querer dejar ir, "Wonder Woman 1984" no ofrece nada más que un par de prendas que recuerdan aquella época; hay tanto que se puede hacer con un soundtrack ochentero que es imposible fallar y perder aquella oportunidad entregada en bandeja, pero la película justamente falla y pierde aquella oportunidad. También existe mucho material en cuanto al recelo hacia los malls de la época,  hacia los infomerciales y todos aquellos años en donde reinaba Reagan; si "Wonder Woman 1984" hubiese tomado ese camino, sería una película un poco más entretenida. Tampoco es buena señal que, durante más de dos horas, sólo queramos ver al villano; no porque sea Pedro Pascal, sino también porque, como los protagonistas se sienten tan planos, el carisma de Max Lord es más interesante que la historia de amor entre Diana y Steve. Pedro aprovecha y se destaca; Kristen Wiig también lo hace en un principio, pero no es mucho lo que puede hacer con aquel personaje cliché del nerd que pierde su humanidad cuando se vuelve popular.

Durante el comienzo de "Wonder Woman 1984", la pequeña princesa Diana es parte de unas olimpiadas que se llevan a cabo en Themyscira. Todo está dado para su éxito, pero luego de quedar atrás en una etapa, Diana toma un atajo hacia la meta; cuando está a punto de ser la vencedora, Antíope (Robin Wright) le enseña una valiosa lección. Los realizadores de esta película podrían haber tomado nota de aquella lección también.
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Hace aproximadamente un mes, empecé a ver "RuPaul’s Drag Race"; aprendí muchos datos, contagié a la familia y fue inevitable enamorarme de varias reinas temporada tras temporada. Teniendo a cada participante tan fresca todavía en mi memoria, me sorprendió y encantó ver a Jinkx Monsoon y a BenDeLaCreme en una de las escenas de “Happiest Season”, ya que, a pesar de no ser de mis favoritas, ambas son geniales y muy divertidas (esos Snatch Games <3); ahora sólo necesito desesperadamente saber dónde encuentro un show así para estas fechas; sería hermoso asistir a uno antes llegar a la cena familiar.

Aquella entretenida distracción dentro de la trama también sirve como un pequeño momento de alegría para el personaje de Abby (Kristen Stewart), quien, a esas alturas de la historia, está bastante decepcionada por la manera en que la celebración de Navidad pasó a ser algo nada parecido a lo que ella había imaginado. Abby mantiene una relación con Harper (Mackenzie Davis) hace casi un año y ambas deciden pasar la Navidad junto a la familia de ella; siguiendo lo heteronormativamente correcto según su amigo John (Dan Levy), Abby decide proponerle matrimonio a Harper la mañana del día veinticinco. El único problema es que Harper no les ha contado a sus padres que es lesbiana ni que tiene novia, ya que teme a la reacción de ambos y también teme que su confesión arruine la perfecta campaña de su padre para el puesto de alcalde. Harper, entonces, le pide a Abby que finja ser su amiga heterosexual hasta que la celebración termine.

Desde que llegan al hogar de la familia Caldwell, las cosas se dan de manera incómoda, pero graciosa, un detalle de la clásica entrega de comedia romántica, en donde ciertos encuentros o ciertas personas van poniendo a prueba la relación de las protagonistas. La obsesión de los padres por alcanzar la perfección ha creado bastantes roces entre Harper y sus hermanas, Sloane (Alison Brie) y Jane (Mary Holland), tensión de la cual ni Abby es libre. Por otro lado, también está el pasado de Harper que Abby no conoce del todo: un ex novio a quien la familia todavía adora y una ex novia que Harper escondió y negó hasta el cansancio, Riley (Aubrey Plaza). Si a eso le agregamos la presencia de unos gemelos sacados de una película de terror, la celebración de Navidad podría convertirse en un gran desastre.

¿Quién habría pensado que un poco de representación le podría dar una vuelta a un género ya tan repetitivo? "Happiest Season" sigue la misma fórmula que todas nuestras comedias románticas favoritas, pero es muy refrescante ver conflictos distintos durante el contexto de Navidad. A pesar de que algunas de las decisiones del personaje Harper no agradarán a la mayoría y, a pesar de que faltó química entre Mackenzie Davis y Kristen Stewart, "Happiest Season" no deja nunca de ser adorable y digna de ser vista durante estas fechas. Si Harper no agrada, es porque carga con el peso de las malas decisiones y hay que tratar de entenderla, pero lo bueno es que tendrán más personajes que disfrutar; John, el mejor amigo de Abby, y Jane (claramente, la hermana del medio) no sólo sirven como alivio cómico, sino que también entregan algunos de los momentos más emotivos de la película. Riley, la ex novia de Harper, personaje que siempre genera conflicto en este género de películas, sirve como apoyo para Abby y nunca genera molestia; de hecho, Aubrey Plaza incluso tiene mejor química con Kristen Stewart. Y la familia de Harper... bueno, ninguna familia es perfecta, todos intentan hacer lo mejor que pueden y, sólo cuando nos damos cuenta de eso, es que podremos pasar unas mejores celebraciones de fin de año.

Clea Duvall, escritora y directora, además de una excelente actriz de reparto, siempre participa en cosas entretenidas, como, por ejemplo, fue jurado en un capítulo de "RuPaul's Drag Race" y también fue protagonista de “But I’m a Cheerleader”, en donde aparece, nada más y nada menos, que el mismísimo RuPaul tratando de convencer a un grupo de adolescentes de que ser heterosexual es genial. ¿Qué categoría vendría siendo esta?
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Cecilia Kass (Elisabeth Moss), una arquitecta, por fin logra escapar del lugar en donde vivía con su abusivo marido, Adrian (Oliver Jackson-Cohen). Con la ayuda de su hermana, Emily (Harriet Dyer), Cecilia consigue llegar hasta la casa de su mejor amigo, James (Aldis Hodge). Cecilia comienza a adaptarse a su nueva realidad, pero continúa viviendo con el miedo de que Adrian podría aparecer frente a ella en cualquier momento. Cierto día, le informan que su marido ha muerto y que tiene derecho a una inmensa herencia monetaria. Cuando las cosas parecen mejorar en su vida, Cecilia comienza a sentir una extraña presencia a su alrededor; se siente observada y nota que algunos objetos se mueven solos. Sabe que no se trata de algo sobrenatural, está segura de que hay alguien más a su lado.

Dirigida por Leigh Whannell, el mismo escritor a cargo de la saga de "Saw", "The Invisible Man" genera una especie de terror que se siente cercano, porque, lamentablemente, historias como la de Cecilia son bastante comunes en nuestra sociedad; una presencia conocida, temida y violenta es mucho peor que una desconocida.
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La emoción por el estreno de esta película era increíblemente grande; significaba un cambio y un respiro de aire fresco dentro del género de superhéroes, ya que una nueva entrega del personaje de Harley Quinn sería dirigida por Cathy Yan y escrita por Christina Hodson, mujeres que podrían darle un giro a la manera en que Quinn siempre es retratada. Ambas contaban con la ayuda de Margot Robbie, quien se ha convertido en una gran actriz y productora y quien, ya varias veces, había mencionado que quería cambiar la mirada sexualizada bajo la que Harley ha estado desde sus inicios.

La historia de "Birds of Prey (Y Aquel Título Tan Entretenido)" comienza cuando la historia de Harley y su amado Guasón termina; ella queda desconsolada, pero trata de olvidar su importante relación cortando su cabello, practicando roller derby, adoptando a una hiena a la que llama Bruce (en honor a Bruce Wayne) y emborrachándose bastante seguido. Cierta noche, Harley decide incendiar la fábrica de Químicos Ace, lugar que tenía un significado especial para su antigua relación; de esta manera, toda Ciudad Gótica recibe el mensaje y varios villanos aprovechan el momento para vengarse de Harley, ya que no cuenta con la protección del Guasón ahora.

Uno de estos villanos es Roman Sionis (Ewan McGregor), también conocido como Black Mask; Roman es un amo del crimen, narcisista y sádico, quien ha perdido un importante diamante a manos de una pequeña carterista llamada Cassandra Cain (Ella Jay Basco). Para salvar su vida, Harley le promete a Roman que recuperará el diamante, pero tras ellos también se encuentra: Renee Montoya (Rosie Perez), una policía que busca encarcelar a Roman; Dinah Lance (Jurnee Smollett-Bell), la conductora de Roman que quiere proteger a Cassandra; y Huntress (Mary Elizabeth Winstead), una misteriosa vigilante que busca venganza en contra de Victor Zsasz (Chris Messina), la mano derecha de Roman.

Si ya amaba la idea de una película como esta, la producción y el resultado final de "Birds of Prey" conquistaron mi corazón. Es una cinta divertida, graciosa, inteligente y redonda, la cual presenta personajes nuevos e interesantes, así como también logra sacar todo ese peso misógino que Harley traía para crear a un personaje tan adorable como sensible, sin quitarle ni un centímetro de su característica inmoralidad y personalidad; sin duda, es un gran avance y un gran ejemplo de cómo hacer películas que siempre han estado a cargo del género masculino.

"Birds of Prey" también ofrece varios momentos de empoderamiento, ya que cada personaje principal femenino cuenta con una historia destacable y bien desarrollada; aunque, en un principio, varias de las protagonistas son desconocidas entre ellas o, simplemente, no se llevan bien, nunca ayudan en ayudarse mutuamente con tal de sobrevivir. Un gesto tan pequeño como el de prestar un colet para el cabello durante una pelea, por ejemplo, es muy significativo dentro de un género en donde a las mujeres fuertes parece nunca molestarles el perfecto cabello desordenado frente a sus rostros; es un ejemplo claro de que se necesita de mujeres para escribir y retratar a otras mujeres de una manera más realista y menos sexista.

"Birds of Prey" cumple con este objetivo, así como también cumple con el objetivo de entretenernos y de hacernos ansiar por una segunda y tercera parte tan fantabulosas como esta primera entrega.
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Hola

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Catalina.
Basada en hechos reales.

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