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We'll always have Paris

 


Vivir en una de esas zonas desérticas estadounidenses debe ser una de las experiencias más aburridas de la vida; pareciera que no hay colores, que no existiera la entretención, que las distracciones sólo son para algunos y que las conversaciones se basan en trabajo, casa y trabajo. Aburridísimo. Sin embargo, es la realidad en la que conviven Henrietta (Saoirse Ronan) y Junior (Paul Mescal), un joven matrimonio estancado en una aburrida rutina.

Para entristecer todavía más el panorama, nos encontramos en el año 2065, en un contexto casi postapocalíptico en donde el agua es escasa y los efectos del cambio climático son evidentes, pero el gobierno ha estado desarrollando experimentos que permitirán la vida en el espacio. Junior es seleccionado al azar como uno de los participantes que podrá viajar y comprobar de primera fuente si es posible cambiar a toda la humanidad de planeta, por lo que al hogar llega Terrance (Aaron Pierre), un empleado del gobierno, a registrar pruebas y a observar la dinámica entre Junior y Henrietta.

Como si un viaje al espacio no fuese poco para alterar la ya incómoda rutina entre el matrimonio, Terrance les informa que una réplica de Junior acompañará a Henrietta durante la ausencia del marido para que ella no quede completamente sola en la Tierra. Las cosas comienzan a cambiar entre ellos; si en un principio podíamos notar que había cierta distancia, la idea del viaje y de pasar un año separados comienza a unirlos y aquella llama de los primeros años de matrimonio pareciera volver a encenderse.


Lamentablemente, no es mucho lo que puedan hacer en el desierto, durante la preparación para el viaje o con una historia a la que le falta emoción y acción. Más que un thriller de ciencia ficción, “Foe” parece un drama más sobre el distanciamiento de un matrimonio y la manera en que ambas partes conllevan el conflicto; en ese sentido, al menos las actuaciones de Paul Mescal y de Saoirse Ronan cumplen, pero la película se vuelve larga, lenta y tan apagada como el lugar en donde sus personajes viven. “Foe” no gira alrededor del fin del mundo ni de la verdad acerca del apocalipsis ni tampoco de la tecnología que podríamos tener dentro de cuatro décadas, nada de eso es importante para los personajes principales cuando lo único con lo que deben lidiar es con la crisis de su relación; no hay otros detalles interesantes más allá de un auto que se conduce solo y un par de naves por ahí.

Se supone, además, que la película tiene un plot twist cerca del final, pero todo el desarrollo hacia él se siente vacío y la gran revelación no tiene la emoción necesaria como para causar una impresión de esas que se quedan contigo hasta tiempo después de haber visto la película. Garth Davis, el director, consiguió emocionar más con su cinta anterior, “Lion”, y ya sé que esa historia es una que busca emocionar y sacar lágrimas, pero al menos tenía diálogos y situaciones más cautivantes.

Quizás “Foe” sea de esas películas que no le hacen justicia al libro o quizás haya que leer el libro primero, pero al menos consiguió capturar y traspasar esa atmósfera inerte, aburrida y silenciosa del mismo sector en donde sus personajes esperan seguir viviendo.
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Continuando con lo había quedado pendiente hace tres años, Denis Villeneuve ya estrenó “Dune: Part Two”, la continuación de la saga escrita por Frank Herbert y cuyo estreno se vio retrasado debido a la justificada huelga de actores durante 2023. Personalmente, el retraso no me preocupó demasiado, pero sí estaba ansiosa por ver si esta segunda entrega podría provocar algo de emoción en mí, detalle que ni su predecesora ni la versión de David Lynch lo han podido conseguir.

“Dune: Part Two” retoma la historia que concluye en la primera parte, mostrándonos ahora cómo Paul Atreides (Timothée Chalamet) y Lady Jessica (Rebecca Ferguson) se las arreglan para sobrevivir en la inmensidad del desierto tras haber sido ayudados por los Fremen; la mitad de ellos no está a gusto con la idea de convivir con un par de extranjeros, mientras que la otra mitad mantiene sus esperanzas en la figura de Lisan al Gaib, una especie de mesías que los salvará de toda injusticia. Chani (Zendaya) no cree en aquella profecía, pero sí cree en Paul, por lo que se convertirá en su mayor aliada durante su entrenamiento en el desierto.

Al mismo tiempo, el planeta Arrakis es ahora manejado por los Harkonnen, aquel grupo de hombres siniestros que conspiraron para acabar con la dinastía Atreides; mientras el barón Vladimir Harkonnen (Stellan Skarsgård) continúa al mando, la amenazante presencia de su sobrino, Feyd-Rautha (Austin Butler), es temida por todo el universo, incluyendo por el emperador Shaddam IV (Christopher Walken) y su hija, Irulan (Florence Pugh). Quienes no temen de nada continúan siendo las Bene Gesserit, grupo que, gracias a sus poderes y conspiraciones, planean manipular a Feyd-Rautha a través de Lady Margot Fenring (Léa Seydoux).



Tras el entrenamiento de Paul y el ascenso de Lady Jessica al estatus de Reverenda Madre, la guerra entre ambos bandos es inevitable. Gracias a la técnica de Denis Villeneuve y de su cinematógrafo, Greig Fraser, “Dune: Part Two” no decepciona en cuanto a estética se trata, pero la primera entrega me sigue pareciendo mucho más visualmente hermosa. También quiero destacar que, a diferencia de aquella primera parte, esta continuación se siente mucho más cargada de cosas que van pasando, no necesariamente de más acción o de más emoción, pero sí pasan cosas y no son sólo diálogos de lo que va a pasar. 

Luego de una primera hora de película, la cual se concentra en el entrenamiento de Paul, la historia se vuelve mucho más rápida y más interesante, pero el sobre dramatismo de los diálogos continúa tan presente como siempre. Quizás sea algo presente en los libros también y siempre me culpo de no haberlos leído todavía, pero si vamos a hacer una versión cinematográfica, podríamos darle un poco más de emoción.

Las actuaciones, eso sí, no decepcionan. Rebecca Ferguson es tan intimidante como perfecta en su papel de Lady Jessica, Austin Butler se prueba a sí mismo que puede hacer mucho más dejando la voz de Elvis atrás, mientras que a Zendaya ahora sí se le permite lucirse con su interpretación de Chani; si bien la mayoría de los personajes parecen ser seres fríos e inanimados, Chani al menos pareciera ser el corazón de esta historia. Ya que se ha dado pie para una tercera parte, espero también ver más de Florence Pugh en una próxima entrega, pero sobre todo del personaje de Léa Seydoux, quien encaja muy bien dentro de todo este elenco.

A pesar de no haber provocado mucho en mí, “Dune: Part Two” es una clara mejora en cuanto a entretención de trata, pero no una mejor entrega que su predecesora; ambas están a un mismo nivel. Espero que, para un próximo estreno, quizás dentro de dos o tres años, mis expectativas ya sean completamente inexistentes. Y espero haber leído los libros también.
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La filmografía de Christopher Nolan siempre se encuentra en un estado de in crescendo; ojalá pudiera decir que mientras sus películas van creciendo en cuanto a trama y desarrollo, también van mejorando en cuanto a calidad, pero la repetición de ciertas ideas, la inhabilidad de crear personajes femeninos interesantes e independientes de los personajes masculinos, además de aquella irritable pseudo intelectualidad que rodea tanto a la explicación de sus películas como la de sus fanáticos más fieles, han conseguido que el cine de Nolan cada vez me parezca menos intrigante.

“Tenet”, su última entrega, es de aquellas películas que, si no entendiste o no seguiste el ritmo a la primera, por supuesto que no sabes nada de cine. Utilizando una vez más el concepto del tiempo, Nolan crea una historia sobre cómo el futuro afecta el pasado; el Protagonista (John David Washington), un protagonista sin nombre, parte de la CIA, quien se une a un programa especial llamado TENET. El objetivo de su misión es atrapar a un traficante de armas que fabrica balas con una particular cualidad: van al sentido contrario del tiempo normal.

Con la ayuda de Neil (Robert Pattinson), el Protagonista da con el paradero de un criminal ruso, llamado Andrei Sator (Kenneth Branagh). Para tratar de atraparlo, el Protagonista se acerca a la esposa de Andrei, Kat Barton (Elizabeth Debicki), una tasadora de arte que vive bajo el constante chantaje de su marido, sus reacciones violentas y la amenaza de no volver a ver al hijo que tienen en común. Fingiendo estar interesado en cierto cuadro, el Protagonista consigue dar con el paradero de Andrei y comenzar una intensa persecución que parece ir hacia adelante y hacia atrás.

Es en estos momentos de la trama que la historia comienza a ser cada vez más confusa y menos interesante; además de muchos cambios en muy poco tiempo, las continuas explicaciones de cada uno de los personajes que participan en la persecución se vuelven repetitivas y parecen no tener mayor información de fondo. De por sí, es bastante molesto que un personaje explique la trama en lugar de que la trama se explique por sí sola durante la duración de una película, por lo que en “Tenet” es un recurso bastante insoportable. 

También es bastante insoportable que, tras años de desarrollo de guión, trama y efectos especiales, Christopher Nolan y sus colaboradores todavía no sepan crear al menos un personaje femenino que no esté a merced del protagonista masculino; en el universo de Nolan, las mujeres son sólo esposas fallecidas acechando las mentes de sus maridos, esposas que están peligro a manos de su propio esposo o mujeres que deben guiar al protagonista en cuestión. En lugar de perfeccionar cada detalle de una historia compleja, no estaría mal tomarse un tiempo para perfeccionar ciertos personajes también.

A pesar de todo, no se puede negar que “Tenet” tiene muchos méritos en cuanto a ejecución, escenas de acción y actuaciones; destacan sobre todo aquellas escenas en el aeropuerto o la persecución dentro de una carretera, así como también la participación de Robert Pattinson, quien se luce incluso en un papel secundario, y de Elizabeth Debicki, quien logra darle cierta profundidad a un personaje que no tiene mucho qué hacer, pero estos atributos no son suficientes para combatir la nula emotividad que provoca toda la acción en la que “Tenet” se concentró; mucho enfoque en un solo aspecto de la película y un abandono casi total en otros puntos de vista cuestan.

¿“Tenet” fue una película hecha para mí? No. ¿La seguiré viendo por Robert Pattinson? Sí.

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Espero que no sea un secreto el sueño que me provoca la versión de “Dune” que David Lynch estrenó en 1984, una versión que incluso el mismo director prefiere olvidar; es por esta razón que, cuando se anunció una nueva entrega, la cual estaría a cargo del canadiense Denis Villeneuve, mi emoción fue comprensible. No sólo Villeneuve sería el director, sino que también la película contaría con un maravilloso elenco que sería responsable de darle, nuevamente, vida a la historia escrita por Frank Herbert en los años sesenta.

“Dune”, referida también como la primera parte de esta versión, es bastante fiel al libro en el que se basa y desarrolla aquella trama que corre el peligro de caer tanto en lo tedioso como en lo pseudointelectual. La historia sigue el conflicto interno de Paul Atreides (Timothée Chalamet) una vez que su familia debe hacerse cargo del planeta Arrakis, lugar en donde una especia es uno de los elementos más preciados del Universo, ya que permite realizar viajes espaciales, por ejemplo. Paul debe lidiar con el hecho de encontrarse en un lugar distinto, así como también con las presiones de ser el Elegido que su propia madre, Lady Jessica (Rebecca Ferguson), deja caer sobre él; esta especie de Elegido es algo parecido a un mesías que llegará para mejorar el futuro del universo.

Al mismo tiempo, los Atreides deben enfrentar la apatía del pueblo originario de los Fremen y la amenaza de los Harkonnen; estos últimos estuvieron a cargo de Arrakis antes de la llegada del duque Leto Atreides (Oscar Isaac), lo cual no significó la mejor de las etapas en la historia de los Fremen. La desconfianza, el peligro y la intensa sensación de calor tampoco representan el mejor de los escenarios para el comienzo de la regencia de la dinastía Atreides y “Dune” nos muestra las consecuencias de la llegada de un nuevo grupo de gobernantes designados a un lugar, de por sí, ya conflictivo.

Es imposible no recaer en comparaciones entre esta versión y la versión de los años ochenta, y la verdad es que ambas recaen en un relato aburrido y sin vida. En cuanto a producción se trata, la entrega actual no falla y es maravilloso admirarla, pero esto no es suficiente como para darle un toque más emotivo o animado; quizás con el fin de querer ser vista como una producción seria, “Dune” recae en aquel sobre-dramatismo que hace perder el interés tanto en la historia como en los personajes. Entre las actuaciones, la que más sobresale es la de Rebecca Ferguson, mientras que el resto del elenco sólo cumple y luego es olvidable; se siente hasta un poco de lástima por Timothée Chalamet, porque a nadie le gustaría que quedara en aquella broma en donde se interpreta siempre a sí mismo.

También es una lástima que “Dune” sólo sea una versión mucho mejor producida que su antecesora y que no haya podido revocar más emociones en algunas personas que, como yo, lamentablemente teníamos expectativas demasiado altas en cuanto a este estreno; sólo queda suspirar y esperar la segunda parte, supuestamente a estrenarse en 2023.
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Ya que las últimas adaptaciones de Philip K. Dick que he visto sólo han significado decepción, decidí arriesgar mi suerte con una tercera adaptación. “Minority Report”, película dirigida por Steven Spielberg, está basada en la historia del mismo nombre, escrita en 1956; como buen relato de K. Dick, la trama gira alrededor de una especie de tecnología próxima, además de la posibilidad de cambiar nuestro futuro.

John Anderton es el jefe de una organización llamada Precrimen, la cual está a cargo de predecir futuros crímenes y arrestar a los responsables antes de que cometan algún asesinato; quienes predicen estos hechos son tres mutantes, también conocidos como pre-cogs. Precrimen funciona a la perfección y evita muchos ataques, hasta el día en que los mutantes revelan una visión del mismísimo Anderton cometiendo un asesinato.

Spielberg se basó en esta trama y adaptó varios elementos, no para crear una historia mejor, sino que para crear algo igual de interesante que el cuento de Dick. En “Minority Report”, estrenada en 2002, John Anderton se transforma en Tom Cruise, un oficial de policía que vive atormentado debido a la desaparición de su pequeño hijo, hecho que también destruyó su matrimonio. Cuando John es acusado de asesinato, decide escapar de la autoridad y llevarse consigo a Agatha (Samantha Morton), la más poderosa de los tres pre-cogs.

Al igual que en el libro, John pide un informe de la minoría, el cual podría probar su inocencia; este informe es, básicamente, una visión distinta que alguno de los pre-cogs tiene, la cual se contrasta con las otras dos predicciones. John, entonces, se enfrenta a una paradoja: si comete asesinato, será arrestado, pero, si no lo hace, se demostrará que el sistema de Precrimen presenta fallas que podrían comprometer su continuidad. A diferencia de lo que pasa en el libro, la decisión que John Anderton toma en la película concluye con la destrucción del sistema de Precrimen, pero ambas obras juegan con la idea de un futuro alterable.

Es aquella disyuntiva, el detalle más interesante de “Minority Report” y la cualidad que, finalmente, me ayudó a disfrutar una historia de Philip K. Dick adaptada a la pantalla grande. Quizás Steven Spielberg también jugó a la paradoja de los futuros alterables y debatió entre hacer una adaptación fiel al libro y recibir los elogios de los fanáticos de la historia o hacer su propia adaptación, arriesgar a conseguir el odio de aquellos más críticos, pero también conseguir estrenar una muy buena película.

Quizás lo que necesitaba también era la mano de Spielberg para disfrutar una historia de Philip K. Dick.

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La carrera de Jane Fonda ha sido tan admirable como diversa; durante más de cincuenta años de presencia tanto en el cine como en la televisión, Fonda se ha destacado como protagonista dramática, como conductora de videos de ejercicio aeróbicos y como sex symbol. La actriz fue lo suficientemente inteligente como para no dejar que aquella última faceta marcara su carrera, pero es imposible negar el grado de estatus icónico que tiene una película como “Barbarella”.

La cinta, dirigida por Roger Vadim, esposo de Jane Fonda en ese entonces, está basada en los comics escritos por Jean-Claude Forest, los cuales contaban la historia de una hermosa viajera espacial, que visita planeta tras planeta en busca de nuevas aventuras. Jean-Claude Forest basó al personaje de Barbarella en la mujer emancipada y moderna de la década de los sesenta, la cual coincidía con la era de la revolución sexual, por lo que las aventuras de Barbarella muchas veces resultan ser aventuras bastante eróticas. El cómic causó un gran escándalo y fue considerado uno de los primeros comics pornográficos.

Aprovechando la revolución sexual, Roger Vadim y Dino De Laurentiis, reconocido productor italiano, decidieron llevar la historia de Barbarella a la pantalla grande y tenían una sola actriz en mente para que interpretara el papel: Brigitte Bardot. Cuando ella no mostró interés en personificar a un personaje tan sexualizado, la siguiente opción fue pedírselo a Sophia Loren, pero ella estaba embarazada y tampoco sentía que encajaba en el rol. Una vez que el trabajo le fue ofrecido a Jane Fonda, fue su propio marido quien la convenció, diciéndole que el género de ciencia ficción era un género bastante prometedor.

Jane Fonda no era ajena a un poco de controversia sexual. Durante la promoción de “Circle of Love”, película de 1965, una imagen de su cuerpo desnudo apareció en forma de billboard gigante y varias fotos del mismo tono que Roger Vadim tomó durante la grabación de su película, “The Game Is Over”, luego fueron vendidas a Playboy. Jane aceptó el papel de Barbarella, pero, en lugar de interpretarla sólo como una mujer sexy sin ninguna otra mayor característica, la actriz decidió darle una especie de inocencia al personaje. Según las palabras de la misma Jane, Barbarella no es una femme fatale ni tampoco es promiscua, ya que sólo reacciona siguiendo las reglas del mundo en donde vive; no es una mujer que esté pasando por una liberación sexual, puesto que ya había nacido libre.

Es ese enfoque hacia el personaje el detalle más destacable dentro de “Barbarella”, ya que la película no es lo bastantemente entretenida como para mantener nuestra atención hasta el final. Hoy en día, es considerada una película algo icónica dentro de la cultura pop, debido a detalles como el origen del nombre de Duran Duran o debido a la moda futurista que Barbarella exhibe en cada escena, pero es la actuación de Jane Fonda, adorable y encantadora, lo que realmente vale la pena dentro de esta película.

Barbarella debe encontrar al maléfico doctor Durand Durand (Milo O'Shea), quien ha creado un arma láser tan poderosa que podría amenazar siglos de paz entre los varios planetas de la galaxia. En su búsqueda, Barbarella conoce al ángel Pygar (John Phillipe Law), al profesor Ping (el mimo Marcel Marceau) y a la Gran Tirana de Sogo (Anita Pallenberg), personajes que también contribuyen al estatus icónico de "Barbarella". Entre el erotismo de sus aventuras y el efecto male gaze de cada escena, la película quizás no sería tan exitosa hoy en día, pero queriendo destacar nuevamente la actuación de Jane Fonda, probablemente le hubiera ido mejor por ese lado.

Después de todo, Barbarella no estaba haciendo nada que James Bond, por ejemplo, tampoco hiciera. 

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En el año 2084, existe una empresa llamada Rekall Incorporated, la cual se dedica a crear falsos recuerdos de geniales vacaciones e implantarlos en nuestro cerebro, una opción válida para quienes no pueden costear un viaje a Saturno o a Marte, por ejemplo. Un trabajador de construcción, llamado Douglas Quaid (Arnold Schwarzenegger) decide elegir una de estas ofertas de vacaciones, ya que siempre ha estado obsesionado con la idea de conocer el planeta Marte.

Douglas vive una tranquila vida junto a su esposa, Lori (Sharon Stone), disfrutando de aquellas rutinas normales en donde nunca pasa mucho, pero esta tranquilidad pronto se ve interrumpida luego de que el procedimiento de Rekall Incorporated saliese mal y expusiera la verdadera identidad de Douglas: él es, en realidad, Carl Hauser, un agente secreto proveniente de Marte, quien trabaja para el gobernador Vilos Cohaagen (Ronny Cox).

Gracias a un video que el mismo Hauser grabó para Douglas, este también se entera de que Hauser cambió de bando una vez que supo de la existencia de un artefacto alienígena que Cohaagen quería utilizar para acabar con la población mutante de Marte. Douglas, entonces, decide viajar al planeta rojo y detener los planes de su antiguo jefe, pero hombres armados de la agencia están detrás de sus pasos.

“Total Recall” parece mostrar a Marte como un lugar que prometía prosperidad, al cual varios viajaron esperanzados, pero que, en realidad, se convirtió en un planeta donde el abuso de poder hace de las suyas, en donde los mutantes eran humanos que fueron expuestos a la radiación y en donde se les trata como si fueran absolutamente nada; el lugar es una ciudad sombría y peligrosa, en donde el futuro no es muy prometedor. 

Al igual que en “Blade Runner”, historia escrita también por Philip K. Dick, “Total Recall” es una historia de ciencia ficción que nos muestra una civilización avanzada, pero una sociedad retrógrada. Ambas historias fueron adaptadas a la pantalla grande y fueron muy exitosas tanto con el público como con la crítica; puedo entender aquel éxito, ya que ambas películas tienen bastantes méritos en cuando a producción y dirección, entre otras cosas, pero son películas que no consigo disfrutar como las grandes producciones de ciencia ficción que cada artículo en internet dice que son. No lo pongo en duda, sólo no lo comparto.

Creo que las historias de Philip K. Dick y yo nunca podremos entendernos.
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Debemos esperar un año más para poder ver "Dune", pero el premio de consuelo es que, justamente, tenemos tiempo para aprovechar y ver "Blade Runner 2049", una película que debería ser vista en completa paz y disposición, ya que se siente de aquellas historias que duran siete horas.

La secuela de la película estrena en 1982, dirigida por Ridley Scott y protagonizada por Harrison Ford, nos lleva hasta el año 2049. La sociedad no ha mejorado mucho desde el 2019, cuando la primera entrega nos contaba la historia de Rick Deckard (Ford) y su búsqueda de los replicantes Nexus-6, quienes estaban en la Tierra de manera ilegal. En la actualidad, existe un nuevo modelo de replicantes, los cuales son tan obedientes que pueden ser usados con mayor facilidad. K (Ryan Gosling) es uno de ellos; trabaja para la policía de California como blade runner y se encarga de "retirar" a otros replicantes. 

Durante su último trabajo, K descubre una pequeña caja con un gran descubrimiento: los restos de una replicante que había dado a luz. Manteniendo total discreción, K continúa investigando y visita la Corporación Wallace, empresa dedicada a crear a los replicantes obedientes; allí descubre que los restos eran de una replicante llamada Rachael (Sean Young), quien había tenido un romance con un tal Rick Deckard. Con esta nueva información, K pretende dar con el paradero de Deckard y del posible hijo que este tuvo junto a Rachael, pero no sospecha que el dueño de Wallace también quiere encontrar a ese bebé y envía a su asistente, Luv (Sylvia Hoeks), para que siga cada paso de K.

Además de la longitud y de la lentitud, otro detalle decepcionante de "Blade Runner" es que Niander Wallace pudo haber sido interpretado por David Bowie 💔

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La tranquilidad de la estación 31, ubicada en la Antártida, pronto se ve comprometida cuando integrantes de la estación noruega intentan dispararle a una indefensa mascota; los estadounidenses malinterpretan esto y atacan en contra los noruegos. Uno de los norteamericanos, Clark (Richard Masur), lleva al perro junto a otros que tienen en la estación. Para tratar de descifrar qué rayos pasó con los noruegos, Cooper (Richard Dysart) y MacReady (Kurt Russell) visitan la base vecina y encuentran el lugar en ruinas, además de una extraña criatura con dos rostros. 

Ya de regreso en la base estadounidense, el pánico vuelve a aparecer cuando el perro rescatado se transforma en una especie de monstruo y ataca al resto de las mascotas. Los norteamericanos consiguen hacerle una autopsia y descubren a una criatura extraterrestre dentro del cuerpo, la cual puede imitar otras formas de vida, por lo que ahora comienzan a sospechar tanto de sí mismos como de la misma criatura que está libre por el lugar, tratando de asesinarlos.

Con un ambiente extremadamente solitario y decorado por la música de Ennio Morricone, “The Thing” es tan entretenida como tenebrosa. Quizás los efectos dejen algo que desear, pero tienen esa mezcla justa de morbo y asco que los convirtieron en una especie de efectos de culto.
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La doctora Ellie Arroway (Jodie Foster) es una mujer increíblemente apasionada por el espacio exterior; cree firmemente en la vida extraterrestre y en las señales que podrían estar repartidas por todo el espacio. Su pasión comenzó desde que era pequeña, cuando ella y su padre escuchaban transmisiones de radio tratando de buscar alguna señal. Son pocos los colegas de Ellie que toman en serio sus teorías, incluso un programa de estudios le es cancelado, pero no es hasta que ella por fin logra encontrar una secuencia que sus compañeros comienzan a escucharla. 

Ellie encuentra la señal de una antigua transmisión de Hitler inaugurando los Juegos Olímpicos de Berlín, what? El programa se convierte en una misión espacial y consigue la atención de todo el mundo. Así como Ellie ha tenido que enfrentar durante toda su carrera aquellos comentarios que intentaban desacreditarla, la doctora ahora debe enfrentar también el eterno choque entre ciencia y religión, sobre todo cuando su misión se ve en peligro debido a distintos fanáticos.

Es genial que exista una protagonista femenina en el género de la ciencia ficción, también es genial que algunas escenas recuerden a “2001: A Space Odyssey”, pero, por sobre todo, es genial el hecho de que siempre recordaré a “Contact” gracias a esta maravillosa escena.

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Lena (Natalie Portman) es una profesora universitaria, quien ha pasado todo un año tratando de descubrir el misterio tras la sorpresiva desaparición de su marido, Kane (Oscar Isaac). Cierto día, Kane regresa de la nada a su hogar, pero Lena nota que hay algo extraño en su actitud. Militares llevan a la pareja hasta una base secreta, en donde la doctora Ventress (Jennifer Jason Leigh), por fin, le explica ciertos hechos a Lena.

Kane había sido parte de una expedición grupal hacia El Resplandor, una especie de holograma, increíblemente cautivador, que un meteorito dejó en nuestro planeta luego de estrellarse. Nadie sabe lo que pasó en el Resplandor, pero sólo Kane pudo regresar, por lo que un nuevo grupo decide ir a investigar: Anya Thorensen (Gina Rodríguez), Cass Sheppard (Tuva Novotny), Josie Radek (Tessa Thompson), además de Lena y la doctora Ventress.

Mientras emprenden camino hacia El Resplandor, el grupo, misteriosamente, despierta luego de tres días, sin saber cómo aquello sucedió. Las cosas comienzan a ponerse extrañas, ya que luego se suman las flores con forma humana, el video del grupo de Kane y aquella criatura mezcla de oso y jabalí, sacado directamente de una pesadilla. "Annihilation" es una hermosa historia de ciencia ficción, pero tan terrorífica como películas como "Alien".

"Arrival" gone wrong.
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En el siglo 22, mientras el deterioro de la Tierra es cada vez más inminente, una especie de robots acompañan a la especie humana. Conocidos como Mecha, los robots tienen una increíble apariencia humanoide y son capaces de procesar pensamientos, pero no de reconocer sentimientos. En Nueva Jersey, un niño robot, llamado de David (Haley Joel Osment) ha sido creado con la capacidad de sentir amor.

David es entregado a Henry (Sam Robards) y a Monica Swinton (Frances O'Connor), matrimonio que sufre por la enfermedad de su hijo, Martin (Jake Thomas), la cual lo deja en una especie de coma inducido; en un principio, Monica tiene problemas para acercarse a David, pero él, de inmediato, desarrolla el amor que un hijo siente por una madre. Las cosas se complican cuando Martin regresa al hogar; debido a una naturaleza celosa, Martin tiende a provocar a David, quien enciende su función de autoprotección. El pequeño robot ahora representa un peligro, por lo que debe ser llevado de regreso a sus creadores y ser destruido.

Originalmente, Stanley Kubrick había adquirido los derechos para producir y dirigir “A.I. Artificial Intelligence”. Habría sido demasiado interesante poder haber visto su visión de la historia y, a pesar de que Steven Spielberg jamás lo hará mal, su versión es una mucho más sentimental y romántica acerca del lado oscuro del futuro.

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¡Hola! Un nuevo año más para este blog y para continuar viendo películas; espero que tengan un excelente 2018, uno mejor que “The Last Jedi”. No, broma; no quiero comenzar el año siendo tan mala onda con esta nueva entrega de Star Wars. La verdad es que, luego de “The Force Awakens”, no esperaba mucho de las entregas posteriores, por lo que el secreto es siempre bajar las expectativas; debido a eso, quizás, me pareció que “The Last Jedi” es mucho mejor que su antecesora, cuenta con mejores actuaciones y no presenta una octava Estrella de la Muerte que atacar.

En esta nueva entrega, dirigida por Rian Johnson, los personajes principales continúan sus aventuras por separado. Rey (Daisy Ridley) intenta convencer a Luke Skywalker (Mark Hamill) de unirse a la Resistencia, pero él es ahora la sombra de lo que era: se ha convertido en un hombre solitario y amargado, quien cree que la orden de los Jedi debería acabar, por lo que no piensa en entrenar a Rey tampoco. Poe Dameron (Oscar Isaac) viaja junto a la General Leia (Carrie Fisher), pero deben cuidarse de los acercamientos de la Primera Orden, mientras que Finn (John Boyega) debe viajar hasta una ciudad casino para recuperar un dispositivo de rastreo; quien lo acompaña es Rose Tico (Kelly Marie Tran), una joven que cree completamente en la Resistencia.

“The Last Jedi” tiene varios méritos a su ver. Además de ser algo más oscura y menos nostálgica, también tiene mejores secuencias de acción, como aquella batalla final entre lightsabers o la batalla en Crait, un planeta compuesto de sal roja; también destacan aquella escena de Leia, en donde podemos apreciarla utilizando la Fuerza, o aquel silencioso choque entre dos naves. Pero, así como tiene distintos detalles positivos, “The Last Jedi” también falla en otras cosas; es una lástima que todavía no sepan aprovechar al personaje de Finn, cuya aventura puede ser fácilmente sacada de la película y no afectaría en nada a la trama. Mientras Adam Driver mejora mucho su interpretación de Kylo Ren, la de Domhnall Gleeson cae en la caricaturización hasta el nivel del aburrimiento; también puede aburrir la duración de la película, ya que presenta dos finales, cuando con uno pudo haber sido suficiente.

El final, sin embargo, propone una idea muy interesante, idea que espero se profundice más en la próxima entrega de esta saga; espero también que se mantenga este nivel o se mejore un poco, pero, como escribí arriba, el secreto es bajar las expectativas.
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“Sunshine” es una película difícil de olvidar y, mientras más lees trivia o comentarios sobre la cinta, más se repite el nombre de “Alien”. La reputación de esta película de ciencia ficción la precede, pero también fue un agrado descubrir que era mucho más que otra película de aquel género de cintas de acción que ven los papás.

La nave Nostromo va en su camino de regreso a la Tierra, cuando reciben una transmisión proveniente de una luna cercana. Los integrantes de la nave son siete: el capitán Dallas (Tom Skerritt), la oficial Ripley (Sigourney Weaver), la piloto Lambert (Veronica Cartwright), el técnico Brett (Harry Dean Stanton), el oficial Kane (John Hurt), el científico Ash (Ian Holm) y el ingeniero Parker (Yaphet Kotto). Dallas, Kane y Lambert salen de la nave a investigar.

Los tres descubren que la señal proviene de una nave alienígena y entran en ella, a pesar del peligro que podrían encontrar. Kane es quien tiene peor suerte, ya que una criatura se adhiere a su rostro, dejando al oficial inconsciente. Desobedeciendo las recomendaciones de protocolo de Ripley, los tres regresan a la nave e intentan quitarle la criatura a Kane, pero esta, finalmente, se desprende por sí sola y muere. Kane parece estar bien, pero otra criatura sale de su pecho y amenaza la seguridad del resto de la tripulación.

“Alien” es el perfecto ejemplo de lo mal que pueden salir las cosas cuando no se le hace caso a una mujer. Además de aquel detalle, la cinta es una mezcla de ciencia ficción y de terror, cuyo escenario ideal es el espacio exterior; nadie puede ayudarte ni nadie puede escucharte.
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No sorprendería que la historia principal de “Arrival”, dirigida por Denis Villeneuve, se transformase en una realidad dentro de algunas décadas; no necesariamente tendría que involucrar al visita de agentes extraterrestres, pero el lenguaje, los idiomas y la capacidad de entendernos nunca pueden quedar fuera de ningún evento parecido al de la película.

Cuando unos seres provenientes del espacio desembarcan en distintos lugares del planeta, el gobierno de Estados Unidos contrata a Louise Banks (Amy Adams), una lingüista y traductora, para que se encargue de desarrollar una forma de comunicación con los extraterrestres. Junto con el físico Ian Donnelly (Jeremy Renner), además de un equipo de expertos, él y Louise tratan de descifrar los mensajes que los extraterrestres, también llamados heptápodos, envían en forma de extrañas circunferencias. 

El desafío consiste en que ningún ser humano conoce el idioma de los heptápodos, ni tampoco ellos conocen algún idioma de nuestro planeta. El gobierno necesita apurar el proceso de comunicación, por lo que le pide a Louise que les haga la pregunta "¿por qué están aquí?"; ella decide que no comenzará con una pregunta directa, ya que no se sabe si los heptápodos entienden la gramática ni el orden de las palabras dentro de la oración ni el propósito de aquella frase. Louise comienza por lo básico y, creando otras circunferencias basadas en lo que han visto, ella diseña palabras para pronombres, verbos, objetos y sustantivos, expandiendo, de esa manera, el vocabulario de los extraterrestres.

Al mismo tiempo, Louise comienza a tener extraños sueños y los recuerdos de su pequeña hija, Hannah, aparecen en su mente con mayor frecuencia; la lingüista no entiende muy bien cómo ambas cosas pueden estar relacionadas, pero pronto entenderá que todo tiene que ver con una "arma" que los heptápodos quieren entregarle a la raza humana. La palabra "arma" de inmediato preocupa a los gobiernos de varios países, pero "arma" (en inglés, "tool") tiene más de un significado y más de un uso, dependiendo del contexto.

Además de tener un maravilloso e inesperado plot twist, "Arrival" también representa un parque de diversiones para traductores y lingüistas que vemos a las palabras y a la comunicación como una de las cosas más esenciales dentro de las distintas culturas del planeta; como dice el personaje de Louise: "El lenguaje es el cimiento de la civilización, lo que une a un pueblo. Es la primera arma usada en un conflicto". Los productores de "Arrival" trabajaron con lingüistas, expertos en idiomas y fonética para crear la comunicación entre los extraterrestres y Louise, logrando así un enfoque profesional y totalmente realista.

Junto con los logros del idioma, "Arrival" también méritos de sobra cuando se trata de efectos especiales y sonido; la historia también es muy hermosa y la ciencia ficción se vuelve un género maravilloso cuando se relaciona con la formación de palabras, interpretación y traducción.
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Alex Garland no sólo es el director de “Ex Machina”, sino que también es el escritor de películas como “The Beach” y “28 Days Later”, ambas dirigidas por Danny Boyle. Para su tercera colaboración, los dos decidieron contar una historia de ciencia ficción que sucede, mayoritariamente, dentro de dos naves a cargo de salvar el planeta Tierra de un congelamiento total.

Es el año 2057 y el Sol está apagándose cada vez más rápido, por lo que un grupo de ocho astronautas viajan a bordo de la nave Icarus II, con el fin de lanzar una bomba de energía hacia el Sol y revivirlo. Dentro de este grupo, tenemos a Capa (Cillian Murphy, un físico que maneja la bomba; Mace (Chris Evans), un ingeniero bastante complicado; Cassie (Rose Byrne), la piloto y quizás la persona más sensible de todas; Corazon (Michelle Yeoh), la bióloga a cargo del jardín y del oxígeno de la nave; Searle (Cliff Curtis), el doctor y psicólogo que está obsesionado con mirar directamente al Sol; Harvey (Troy Garity), oficial de comunicaciones y segundo a cargo; Trey (Benedict Wong), un hacker que revisa los sistemas; y Kaneda (Hiroyuki Sanada), el capitán de la nave.

Las cosas parecen ir bien en la nave, más allá de los roces más predecibles, hasta que se encuentran con Icarus I mientras se acercaban a Mercurio; esta nave también había tenido la misma misión que sus secundarios, pero había desaparecido, supuestamente, siete años antes. Luego de un debate sobre salir y ayudar a Icarus I, algunos de los integrantes del Icarus II deciden cooperar, pero sus buenas intenciones sólo pondrán en peligro a la nave y permitirán la aparición de un viajero completamente inesperado.

“Sunshine” es una película tan hermosa y tan perturbadora, al mismo tiempo. Las imágenes del espacio, de la nave y del Sol son magníficas, pero el terror de estar completamente aislados y de pronto toparse con aquel misterio de Icarus I, convierte a “Sunshine” es una película de suspenso más que en una enteramente basada en ciencia ficción. También cada actuación es maravillosa y se nota la dedicación que hubo hacia cada personaje, pero, definitivamente, lo que no podré olvidar es aquella escena final, rodeada de esta poderosa melodía.

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There’s a starman waiting in the sky…

“Moon” significa el debut como director de Duncan Jones, hijo del mismísimo David Bowie, y es muy adorable que haya decidido contar una historia sobre un hombre que vive en solitud cerca del lado de la Luna que siempre está alejado de la Tierra. En futuro distante, existe una empresa llamada Lunar Industries, la cual extrae helio como alternativa a la crisis de petróleo.

La empresa funda una base en la Luna, cuyo único empleado es Sam Bell (Sam Rockwell), un hombre que ha vivido y trabajado allí durante tres años; la única compañía de Sam es GERTY (Kevin Spacey), una inteligencia artificial que controla la base. Dos semanas antes de su regreso a la Tierra, Sam comienza a sufrir de ciertas alucinaciones y una de ellas lo distrae de la extracción de helio, por lo que Sam estrella su máquina y pierde el conocimiento.

Cuando Sam despierta en la base, GERTY le informa que todo estará bien y que un equipo de la Tierra viajará a reparar la máquina que estrelló, pero Sam no parece muy convencido de lo que GERTY le dice; decide salir de la base y revisar la máquina, pero cuando llega allí, se encuentra con la versión de él mismo todavía inconsciente. Como si esto no fuese suficiente para aterrorizarte, GERTY le explica a Sam que lo que vio no es doppelgänger, sino que un clon que la misma inteligencia artificial había activado.

Y como si eso no fuese poco, aquel no es el único plot twist dentro de “Moon”, detalle que la convierte en una película tan maravillosa como espeluznante. GERTY sólo recuerda a las intenciones de HAL, aquella inteligencia artificial de “2001: A Space Odyssey”, por lo que es difícil confiar en alguien a quien nunca puedes ver; además, también es difícil confiar en el clon que resulte ser el original, ya que entre ellos también hay roces.

“Moon” también tiene imágenes muy hermosas y más de alguno quisiera que una película como esta fuese su debut en sociedad.
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“A long time ago, in a galaxy far away… It is a period of civil war. Rebel spacechips, striking from a hidden base, have won their first victory against the evil galactic Empire. During the battle, rebel spies managed to steal secret plans to the Empire's ultimate weapon, the Death Star”. Lo que era la simple introducción al Episodio IV de Star Wars ahora se ha convertido en la trama de la película más entretenida de la saga desde los años ‘70.

“Rogue One: A Star Wars Story” cuenta la historia, precisamente, de aquellos rebeldes que consiguieron robar los planos de la Estrella de la Muerte; aquellos planos llegaron a manos de la Princesa Leia (Carrie Fisher), quien los escondió dentro de R2-D2, junto con un mensaje para Obi Wan-Kenobi. Obi, a su vez, vio el mensaje junto a Luke Skywalker y, bueno, el resto es historia. Sabemos mucho sobre estos personajes, pero nunca tuvimos mayor información sobre aquellos rebeldes que los ayudaron y dieron el primer paso, por lo que, cuando anunciaron el estreno de “Rogue One”, su trata ya era más que suficiente para provocar curiosidad.

La película comienza con la tragedia de la familia Erso: Galen (Mads Mikkelsen) es secuestrado por Orson Krennic (Ben Mendelsohn), un alto mando del Imperio, quien también asesina a su esposa, Lyra (Valene Kane); la pequeña hija de ambos, Jyn (Felicity Jones), logra escapar y es rescatada por Saw Gerrera (Forest Whitaker), un rebelde amigo de su padre. Saw se convierte en un mentor para Jyn, pero ella debe continuar viviendo una vida parecida a la de una prófuga de la ley, ya que teme que quienes secuestraron a su padre también regresen a buscarla a ella.

La vida de Jyn sufre un drástico cambio cuando los líderes de la Alianza Rebelde necesitan de su ayuda, luego de que Bodhi Rook (Riz Ahmed), un ex piloto del Imperio, le entrega un importante mensaje holográfico a Saw Gerrera; los Rebeldes quieren que Jyn se reúna con Saw y que también vea el mensaje, ya que este fue grabado por su padre. Jyn viaja hasta el planeta Jedha, junto al Capitá Cassian Andor (Diego Luna) y a K-2SO (Alan Tudyk), y se enteran de la verdad: Galen construyó la Estrella de la Muerte, pero dejó una pequeña falla para que los Rebeldes la atacaran y, de esa manera, pudieran acabar con la nueva arma del Imperio.

En esta nueva misión, también se les unen Chirrut Îmwe (Donnie Yen), un guerrero ciego que cree en la Fuerza, y su fiel compañero, Baze Malbus (Jiang Wen), un rebelde y mercenario; todo el grupo debe conformar el grupo más diverso dentro del universo de Star Wars y también uno de los más apasionados. Más allá de averiguar sobre su pasado o de defender a una reina, los rebeldes pelean por una causa mucho más grande que ellos; sabemos cómo concluye su historia, pero ver los hechos de manera concreta hace, incluso, que el resto de los episodios se vean de manera distinta. La motivación de la Princesa Leia se comprende desde otra perspectiva, así como también aquella infinita felicidad luego de la Batalla de Endor; era un homenaje a aquellos primeros rebeldes y una demostración de que su sacrificio no había sido en vano.

“Rogue One: A Star Wars Story” me emocionó profundamente. Es una película sombría, pero también muy encantadora; las escenas de acción son maravillosas, sobre todo aquella en la playa de Scarif, y a pesar de que sabemos el final de la historia, a esta no le falta tensión ni suspenso. "Rogue One" consigue, básicamente, todo lo que "The Force Awakens" intentó conseguir el año pasado; no recae demasiado en la nostalgia o en el (ab)uso del fan service y crea nuevos e interesantes personajes. No niego que también tenía momentos de emoción al presentar a los clásicos de siempre, pero en "Rogue One" todo es tan sutil que una aparición de Darth Vader o de la Princesa Leia conmueve mucho más.

"Rogue One: A Star Wars Story" nos entrega, justamente, lo mismo que su grupo de rebeldes le entrega a Leia: hope.

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“Ex Machina”, película dirigida por Alex Garland, se centra en algo a lo que deberíamos tenerle un poco de respeto y un poco de miedo: la tecnología. Citando al director y también guionista, se trata de una historia que podría darse en un futuro bastante cercano; cualquier día, algún trabajador de Google dirá “hemos creado un robot inteligente”, el cual podría pasar desapercibido entre nosotros los humanos. En "Ex Machina", en cambio, la empresa es una llamada Blue Book, cuyo CEO es Nathan Bateman (Oscar Isaac).

Nathan organiza una especie de concurso entre sus empleados, en donde un afortunado ganador podrá pasar una semana junto a él hablando de tecnología dentro de su lejana, lujosa y moderna mansión. El ganador es Caleb Smith (Domhnall Gleeson), uno de los mejores programadores de Blue Book, un tipo muy tranquilo y decente. Caleb admira mucho a Nathan y no se niega a la posibilidad de trabajar en un experimento que su jefe le propone: basándose en el test de Turing, Caleb podrá conversar con Ava (Alicia Vikander), una robot creada por Nathan, para comprobar si ella podría pasar desapercibida como humana.

Las sesiones de interacción entre Ava y Caleb comienzan bastante bien y, debido a que ella es una especie de inteligencia artificial, sí podría pasar fácilmente como uno de nosotros, pero las cosas se van volviendo algo incómodas cuando Caleb y Ava comienzan a desarrollar sentimientos por el otro; ella incluso le advierte a Caleb que no confíe en Nathan y, debido al miedo que ella demuestra, Caleb decide crear un plan para escapar junto a Ava.

Las películas siempre nos enseñan a que no se puede confiar en nadie, muchos menos en una persona egocéntrica y ambiciosa que juega a crear seres humanos y luego hacerles creer que le pertenecen. "Ex Machina", además, nos enseña que tampoco se puede confiar en las máquinas, ni en la tecnología, ni en la inteligencia artificial, ni siquiera en alguien a quien creaste y a quien mantuviste encerrado por tanto tiempo. Hay algunas escenas que recuerdan tanto a “2001: A Space Odyssey” como también a “La Piel que Habito”; podría decirse que "Ex Machina" pertenece a ese tipo de terror.
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Para el año 2154, la raza humana ha gastado la mayoría de los recursos naturales, por lo que un equipo de científicos e investigadores decide visitar Pandora, una luna ubicada en el planeta Polifemo, la cual contiene una increíble biodiversidad. Esta biodiversidad podría ayudar al planeta Tierra, por lo que los científicos lanzan el programa Avatar, gracias al cual pueden transformarse en las criaturas na’vi, una raza de piel azul, de tres metros de altura, que viven en Pandora.

Jake Sully (Sam Worthington) es uno de los participantes de Avatar; Jake es un ex marine parapléjico, quien decide tomar el lugar que le correspondía a su hermano gemelo, recientemente fallecido. Durante una expedición, Jake es atacado y se pierde, pero es rescatado por Neytiri (Zoe Saldana), princesa del clan Omaticaya. La madre de Neytiri, Mo’at (CCH Pounder) ve algo especial en Jake y le pide a su hija que le enseñe a vivir como uno más de ellos. Él se acostumbra tan bien a la vida en Pandora que, incluso, olvida su verdadera misión, pero sus compañeros humanos siguen muy de cerca sus pasos.

Recuerdo toda la reputación de “Avatar” durante la época de su estreno: la nueva gran producción de James Cameron, la mayor cantidad de dinero invertido en una película, los mejores efectos especiales, la película que ha recaudado más dinero en toda la historia, superando a “Titanic”, entre otras varias cosas. Las expectativas siempre juegan en contra y, cuando por fin vi “Avatar”, no me pareció la gran película que la mayoría describía.

“Avatar” recuerda mucho más a la historia de "Pocahontas" que a una película que marcó un antes y un después en la industria. No marcó nada.
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Hola

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Catalina.
Basada en hechos reales.

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